Textos desafiantes

¿Qué texto de la Biblia te cuestiona más en este momento de tu vida? ¿Qué frase te desafía más? ¿Qué palabra de Dios te toca más las narices? Invitamos a escribirla en un papel, compartirla en comunidad, escucharnos unos a otros, ofrecer este texto en la eucaristía…


Llegaron a Jericó. Y cuando ya salía Jesús de la ciudad seguido de sus discípulos y de mucha gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino. Al oír que era Jesús de Nazaret, el ciego comenzó a gritar:
–¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!w
Muchos le reprendían para que se callara, pero él gritaba más aún:
–¡Hijo de David, ten compasión de mí!
Jesús se detuvo y dijo:
–Llamadle.
Llamaron al ciego y le dijeron:
–Ánimo, levántate. Te está llamando.
El ciego arrojó su capa, y dando un salto se acercó a Jesús, que le preguntó:
–¿Qué quieres que haga por ti?
El ciego le contestó:
–Maestro, quiero recobrar la vista.
Jesús le dijo:
–Puedes irte. Por tu fe has sido sanado.
En aquel mismo instante el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús.

Mc 10, 46-52



Os ruego que os portéis como deben hacerlo quienes han sido llamados por Dios, como lo fuisteis vosotros. Sed humildes y amables; tened paciencia y soportaos unos a otros con amor. Procurad manteneros siempre unidos, con la ayuda del Espíritu Santo y por medio de la paz que ya os une.

Ef 4, 1-3



Durante la cena, Jesús, sabiendo que había venido de Dios, que volvía a Dios y que el Padre le había dado toda autoridad, se levantó de la mesa, se quitó la ropa exterior y se puso una toalla a la cintura. Luego vertió agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
Cuando iba a lavar los pies a Simón Pedro, este le dijo:
–Señor, ¿vas tú a lavarme los pies?
Jesús le contestó:
–Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, pero más tarde lo entenderás.
Pedro dijo:
–¡Jamás permitiré que me laves los pies!
Respondió Jesús:
–Si no te los lavo no podrás ser de los míos.
Simón Pedro le dijo:
–¡Entonces, Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza!

Jn 13, 3-9



“Un sembrador salió a sembrar su semilla. Y al sembrar, una parte de ella cayó en el camino, y fue pisoteada y las aves se la comieron. Otra parte cayó entre las piedras, y brotó, pero se secó por falta de humedad. Otra parte cayó entre espinos, y al nacer juntamente los espinos, la ahogaron. Pero otra parte cayó en buena tierra, y creció y dio una buena cosecha, hasta de cien granos por semilla.”
Esto dijo Jesús, y añadió con voz fuerte: “¡Los que tienen oídos, oigan!”

Lc 8, 5-8



Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riquezas en el cielo. Luego, ven y sígueme.
El hombre se afligió al oír esto; se fue triste, porque era muy rico.
Jesús entonces miró alrededor y dijo a sus discípulos:
–¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!

Mc 10, 21-23



Entonces ellos preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o falto de ropa, o enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?’ El Rey les contestará: ‘Os aseguro que todo lo que no hicisteis por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicisteis.’

Mt 25, 44-45



El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame.

Mt 16, 24



Yo les he comunicado tu palabra; pero el mundo los odia porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal. Así como yo no soy del mundo, tampoco ellos son del mundo. Conságralos a ti por medio de la verdad: tu palabra es la verdad. Como me enviaste a mí al mundo, así yo los envío. Y por causa de ellos me consagro a mí mismo, para que también ellos sean consagrados por medio de la verdad.

Jn 17, 14-19


Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? ¡Estoy dispuesto a dar mi vida por ti!
Jesús le respondió:
–¿De veras estás dispuesto a dar tu vida por mí? Pues te aseguro que antes que cante el gallo me negarás tres veces.

Jn 13, 37-38



Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el reino de Dios.

Lc 9, 60



Vosotros no me escogisteis a mí, sino que yo os he escogido a vosotros.

Jn 15, 16



Pero todo esto, que antes era muy valioso para mí, ahora, a causa de Cristo, lo tengo por algo sin valor. Aún más, a nada concedo valor cuando lo comparo con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a él y encontrarme unido a él.

Flp 3, 8



Precisamente por eso sufro todas estas cosas. Pero no me avergüenzo de ello, porque sé en quién he puesto mi confianza; y estoy seguro de que él tiene poder para guardar hasta aquel día lo que me ha encomendado.

2 Timoteo 1, 12



Padre, si quieres, líbrame de esta copa amarga; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Lc 22, 42



El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la recobrará. ¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? ¿O cuánto podrá pagar el hombre por su vida? El Hijo del hombre va a venir con la gloria de su Padre y con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos. Os aseguro que algunos de los que están aquí no morirán sin haber visto al Hijo del hombre venir como rey.

Mt 16, 24-28



Os aseguro que, si un grano de trigo no cae en la tierra y muere, seguirá siendo un solo grano; pero si muere, dará fruto abundante. El que ama su vida, la perderá; pero el que desprecia su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna. Si alguno quiere servirme, que me siga.

Jn 12, 24-26



Mira, yo estoy llamando a la puerta: si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.

Ap 3, 20



“Un hombre tenía dos hijos. El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.’ Y el padre repartió los bienes entre ellos. Pocos días después, el hijo menor vendió su parte y se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada. Cuando ya no le quedaba nada, vino sobre aquella tierra una época de hambre terrible y él comenzó a pasar necesidad. Fue a pedirle trabajo a uno del lugar, que le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y él deseaba llenar el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Al fin se puso a pensar: ‘¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras que aquí yo me muero de hambre! Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo: trátame como a uno de tus trabajadores.’ Así que se puso en camino y regresó a casa de su padre.
“Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio; y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Sacad en seguida las mejores ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traed el becerro cebado y matadlo. ¡Vamos a comer y a hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta.
“Entre tanto, el hijo mayor se hallaba en el campo. Al regresar, llegando ya cerca de la casa, oyó la música y el baile. Llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba, y el criado le contestó: ‘Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha mandado matar el becerro cebado, porque ha venido sano y salvo.’ Tanto irritó esto al hermano mayor, que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese. Él respondió a su padre: ‘Tú sabes cuántos años te he servido, sin desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. En cambio, llega ahora este hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero con prostitutas, y matas para él el becerro cebado.’
“El padre le contestó: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero ahora debemos hacer fiesta y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.’ ”

Lc 15, 11-32



–Señor, ¿a quién iremos? Tus palabras son palabras de vida eterna.

Jn 6, 68



Así pues, haced con los demás lo mismo que queréis que los demás hagan con vosotros.

Mt 7, 12



“No juzguéis a nadie y Dios no os juzgará a vosotros. No condenéis a nadie y Dios no os condenará. Perdonad y Dios os perdonará”

Lc 6, 37



Oigo en mi corazón, “buscad mi rostro”,
tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Sal 26, 8



Buscad primeramente el reino de los cielos y el hacer lo que es justo delante de Dios, y todas esas cosas se os darán por añadidura.

Mt 6, 33



Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.

Mt 5, 7



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Salmo: Palabras de Vida Eterna

Una de las prácticas espirituales lasalianas es la lectura diaria de la Palabra de Dios. Consiste en conectar cada día con el mensaje del Evangelio. El Fundador quiso que los primero Hermanos llevaran un pequeño ejemplar del Nuevo Testamento en el bolsillo. Los lasalianos ponemos en el centro de nuestra vida el mensaje de Jesús de Nazaret, por eso decimos “Viva Jesús en nuestros corazones: por siempre”, para seguir a Cristo cada día.

“Para adquirir este espíritu [espíritu de fe] y vivir de él: los Hermanos de esta Sociedad tendrán profundísimo respeto a la Sagrada Escritura; y, para manifestarlo, llevarán siempre consigo el Nuevo Testamento, y no pasarán ningún día sin leer algo en él, por sentimiento de fe, de respeto y de veneración a las divinas palabras que contiene, considerándolo como su primera y principal regla.”

Reglas Comunes 2, 3


Guardaré tus palabras en mi corazón,
y no pasará un día sin leer algo de ellas.
Te llevaré tatuado en mi muñeca, o en mi tobillo,
me grabaré la frase que más me inspira.

Guardaré en mi cartera,
junto a mi tarjeta de identificación,
tu parábola más iluminadora,
tu comparación más atrevida.
~
En mi camiseta estamparé
con letras amplias y claras
tus máximas,
porque quiero hacerlas mías,
que sean mi hábito y mi memoria.

Una ‘nube de palabras’ evangélicas será,
en mi ordenador, el fondo de escritorio,
para que cada vez que lo encienda,
enciendan tus palabras mi espíritu.
~
Imprimiré un cartel para mi cuarto,
una bella imagen a todo color
con la estrofa del salmo que cada mañana
me pone en tu presencia.

Silbaré y cantaré al andar por los pasillos
“tu palabra me da vida”
para recordarme que me consagro a ti,
y que mi vida no tiene sentido
si no es para recorrer tus senderos.
~
En mi teléfono inteligente
instalaré una aplicación para leerlas cada día.
Y, después, hacer silencio,
aunque solamente sean unos segundos,
para que resuenen en mí.

Llevaré tu mensaje escrito en un papel
en mi bolsillo, hasta que sea piel de mi piel,
respiración de mi respiración…
Hasta que ilumine cada decisión.
~
Las escribiré en la pizarra.
Las rumiaré durante mis viajes.
Te citaré en mis mensajes electrónicos.

Las meditaremos en comunidad.
Las estudiaremos en libros de teología.
Con ellas interpretaremos los signos de los tiempos.
~
Escucharé atento las palabras
de mis hermanos y hermanas,
porque sé que en ellas me hablas también.

Hno. Paco Chiva

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Salmo: Respirando.

Muy cerca estoy de Ti.

Más cerca estás de mí.
Mi aliento a ti lo debo.

El aire que respiro… tu Espíritu de vida, ¡Ruah!

Aliento que a ti debo
aviva mis sentidos,
latido acompasado
hacia la profundidad de mi ser.

Interioridad,
intimidad,
espacio sublime,
tiempo salvador,
kairós,
ahí estás tú.

El aire sosegado me sosiega
y calma mi impaciencia.

Es el tiempo de Dios y para Dios
en el silencio velo, vigilo y me sosiego
consagro a ti mis horas,
consagras tú mi ser
mi tiempo,
mi acción.

Respiro y respiro,
monotonía.

Respiro y aprendo
a ser paciente.

Respiro y oigo respirar.
No respiramos al unísono
¿Seremos capaces de acompasar
nuestra respiración?

Sólo en ti, Señor.

Respiro, acojo el don de Dios,
su Espíritu.

Respiro con las entrañas.
Acojo desde las entrañas
tu Espíritu de Amor.

Hno. Alberto García Arteaga.

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Conversar con sosiego…con Oscar R. Maradiaga

Carriero. A, Conversaciones con Oscar Rodríguez Maradiaga, PPC, Madrid, 2018, 135 pp.

La editorial PPC se ha lanzado a editar algunos libros que llevan por título genérico “Conversaciones con…” En este caso con el cardenal Oscar Rdrez.Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa.

El cardenal Maradiaga, salesiano, ordenado obispo a los 35 años, luego de diversos cargos entre los salesianos; entre ellos, el de profesor de química y enamorado de la música, de  la aviación (piloto), formador de jóvenes salesianos y con una amplia experiencia eclesial hasta ser nombrado obispo en 1978, cardenal en 2001 y, más tarde, en 2013, nombrado por el Papa Francisco Coordinador del famoso grupo de cardenales C-9.

¿Qué encierra este libro? Pues un buen cúmulo de preguntas y respuestas que el autor hace al cardenal sobre los más diversos aspectos de su vida y trabajo: los encuentros con el Papa, el trabajo en el CELAM (entre ellos, el documento de Aparecida en colaboración con el actual Papa), la realidad de los jòvenes, su papel en torno a la teología de la liberación, sus manifestaciones sobre la política hondureña, etc.

A partir de la página 50, es constante las referencia al Papa Francisco y las relaciones mutuas entre ambos, pues hay cierta amistad entre ellos surgida de los trabajos conjuntos en el CELAM. Fruto de ellos, entre preguntas y respuestas, va pasando revista a aspectos diversos de la realidad eclesial: las encíclicas y documento del Papa Francisco, el significado que tienen para el cardenal expresiones muy “bergoglianas”  y cómo ahonda en ellas desde su experiencia y trato con el Papa Francisco, como “Iglesia en salida”, “iglesia inquieta”, “carrerismo eclesial”, “iglesia accidentada”, “Iglesia como hospital de campaña”, etc.

A partir el capítulo 7 (el libro tiene 11 capítulos), hace más incidencia en el tema que figura en la portada del libro: “El evangelio es revolucionario”, porque “… sólo en el encuentro con Cristo, está la verdadera revolución...”.

Como Presidente que fue de Cáritas internacional, su experiencia de trabajo y de recorrido por el mundo de la pobreza ha hecho que conozca muy de cerca lo que hace esta institución de la Iglesia y que le permite hablar a fondo de lo que supone Cáritas.

Es un libro sencillo de leer, ameno en su contenido no exento de profundidad, porque el cardenal se expresa con claridad en la contestación a todas las preguntas que le formula el autor. Y muchas de ellas, dotadas de un sano sentido del humor, del que el cardensal hace gala en algunas expresiones. A ello se une una facilidad grande de conectar con los diversos auditorios donde se hace presente, con una facilidad para la música que aprovecha en cualquier circunstancia (incluso a la hora de comenzar sus exposiciones), logrando esa complicidad con el auditorio que predispone a una escucha más detallada.

Hombre dialogante que no escatima estar presente en las redes sociales y de las que dice en un momento de la conversación que “… Jesús no utilizó micrófonos o megáfonos solo porque en su tiempo no existían; hoy, sin embargo, usaría toss medios  como instrumentos al servicio del Reino que vino a instaurar… Es una aventura costosa saber utilizar el potencial de a formación inicial y permanente para que los consagrados y los agentes de pastoral no se muestren débiles ante los desafíos que constantemente suscitan las novedades tecnológicas…” (pág. 132-33).

 

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Conocer a la persona… acercarse a Jon Sobrino

Mármol, Ch. Conversaciones con Jon Sobrino, PPC, Madrid, 2018, 454 pp.

Sí, efectivamente, el título lo dice todo. Son conversaciones a partir de las preguntas de una periodista (Charo Mármol), como Jon Sobrino va respondiendo a las múltiples y variadas cuestiones planteadas y que, previamente, Charo le fue  ofreciendo.

Aunque no puede hablarse de un índice, en el libro se distingue dos grandes àrtes. La primera, abarca hasta la página 365, donde Jon Sobrino se va explayando de manera amplia, no sólo en aspectos propios de su vida, de su fe, de su manera de entender a Dios y de cómo le fue transformando el contacto con los “mártires” de El Salvador y su forma de concebir y explicar la teología, sobre todo, al contacto con Ellacuría.

La segunda, hasta el final, pretende poner de manifiesto lo que ha significado caminar al lado de otras personas y dar cuerpo a otras expresiones que, en las páginas precedentes no ha podido hacer con la profusión que hubiera esperado. Así, aparecen: la canonización de Mons. Romero, caminar con Pedro Casaldáliga, caminar con Mons. Romero, caminar con Ignacio ellacuría, caminar con Jesús de Nazaret…

Sin duda ninguna, la primera refleja toda la sabiduría, toda la duda inicial del P. Sobrino, todo el esfuerzo personal para dar cuerpo a su fe en un Dios que se ha ido transformando en la comprensión del protagonista del libro, al contacto con la realidad sufriente del país (El Salvador),  de un Dios que le ofrecía dudas, a un Dios que se hace carne en el pueblo sufriente y salvadoreño y de su cercanía a los mártires, que cambian radicalmente la vida de Jon Sobrino.

Particularmente, el P. Ellacuría va a tener un hueco grande en estas conversaciones, porque pasa de ser admirado a ser confidente, maestro, hermano y mártir. Y junto a él, qué duda cabe, Mons. Romero y el P. Rutilio Grande cuyos asesinatos a manos de los paramilitares hace que cambie de manera radical la vida de Jon Sobrino.

El libro va recorriendo pensamientos, disertaciones, manifestaciones teológicas de Jon Sobrino a partir de preguntas y respuestas, muchas de las cuales, han sido muy elaboradas, eligiendo los términos por parte del P. Sobrino para decir lo que quería decir. Han sido cuatro años lo que se ha tardado en darle forma al libro y se puede ver una cuidada elaboración que no deja nada al azar, pero donde se ve reflejada también una hondura personal y una vivencia de la fe, del martirio, de la profecía, del quehacer universitario (la UCA del Salvador)  y donde se va haciendo posible que la vida del pueblo salvadoreño, tal y como es percibido por el P. Sobrino, se ponga de manifiesto en los múltiples atropellos que hacen “clamar al cielo” como decía Mons. “...cese la represión“.

Son constantes las referencias a Ellacuría, a Mons. Romero porque Jon Sobrino ha bebido de sus fuentes, de sus escritos o sus homilías; pero, sobre todo, de su vida donde constantemente se van poniendo de manifiesto los gestos y las palabras adecuadas para hacerse uno con los pobres de la tierra, con la teología de los pueblos oprimidos, con sus luchas internas dentro de la Compañía de Jesús, con la jerarquía del país o con Roma, pero donde, sobre todo, se refleja la vida.

Jon Sobrino, tiene a estas alturas de la vida 80 años. Se libró de una muerte segura porque estaba fuera del Salvador en el momento de la matanza de los seis jesuitas y dos mujeres en los terrenos de la UCA. Y eso le ha dado pie para recoger el legado de Ellacuría y Romero para seguir haciendo teología del pueblo y para el pueblo desde la Universidad. Una Universidad que debe ser lugar de diálogo, de confrontación con los poderes, de enseñanza, de cultura, de investigación… pero puestas al servicio de los pueblos oprimidos,  para poder cambiar el curso de la historia y no hacerle el juego servil a los poderes que oprimen a los pobres.

Hay momentos en que en el libro se repiten algunas cuestiones. Es difícil mantener un hilo conductor que obvie lo dicho en otras páginas, porque los recuerdos que ocasionan los acontecimientos vividos y las experiencias vividas al lado de los mártires (los que tienen nombre y los que no lo tienen porque han sido muchos los masacrados por la represión) han hecho que la vida de Jon Sobrino se defina como una vida dedicada a dar voz a los sin voz y a gritar allá donde no hay sino muerte y represión. Buen aparte de este cambio de perspectiva lp tiene la celebración de una Congregación General de los jesuitas (la XXXII, en 1975) donde se pone de manifiesto “… comprometerse … en la lucha crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia que la misma fe exige...”

Fue enviado a El Salvador (a la UCA) en 1972 ( a los 34 años), aunque tuve que ausentarse por problemas médicos, regresando en 1974. Fue posteriormente rector de la misma en 1990. Vivió la muerte del P. Rutilio Grande (12.03.1977), de Mons. Romero (24.03.1980) y de los seis jesuitas de la UCA (16.11.1989). Y su contacto con Casaldáliga y, sobre todo, con el P. Arrupe, le llevaron a cambiar su modo y manera de hacer teología desde la universidad. Conceptos (que van más allá de palabras) como: el pueblo crucificado, “no nos roben a Jesús” , el Reino de Dios como elemento clave del papel de Jesús, etc. Fue cambiando la manera de exponer y concebir la teología (desde su vuelta de Frankfurt, donde estudió) al contacto con el pueblo sufriente y oprimido del Salvador, para hacer una teología que sirva a los pueblos crucificados.

Un libro para leer con calma y lleno de matices, de insistencias sobre DIos, Jesús, la cruz, la vida y de una humanidad grande que nos permite conocer mejor a la persona, al profesor, al escritor, y sobre todo, al comprometido con un modo de hacer teología puesta al servicio como le gusta decir “… de los pueblos sufrientes y crucificados”.

 

 

 

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Para dar que pensar…. (claro) y ahondar la fe

Jiménez Ortiz, A. La fe en tiempos de incertidumbre (teología para dar que pensar), San Pablo, Madrid,  2018, 622 pp.

Cuando uno abre el presente libro se encuentra con un bagaje de temas que, visto desde la perspectiva del autor, creo que cumple su cometido. Lo subtitula: “Teología para dar que pensar”. Y creo que lo consigue, si al menos tenemos en cuenta el elevado elenco de temas que nos presenta, de lectura atenta y cuyos capítulos deben leerse con calma, como saboreando las cosas.

El autor, salesiano sacerdote y profesor de teología fundamental de la Facultad Teológica de Granada, no se escuda en un lenguaje teológico farragoso, sino que quiere poner los fundamentos de la fe al servicio de hombres y mujeres, laicos y religiosos, sacerdotes y todos aquellos que decidan acercarse con respeto y con amplitud a un variado elenco de cuestiones que tienen que ver con lo religioso.

Así, va desgranando elementos que tienen que ver con el sentido de la vida, la fe, Dios, la revelación, la Escritura, Jesús, la Iglesia, los sacramentos, la evangelización, el más allá, etc. que hacen que el lector se pueda sentir interesado por todos los temas o encontrar en el libro una buena ración de sabiduría, para ir leyendo aquello que más le interese en cada momento.

Adentrarse en los distintos capítulos del libro es ir recorriendo con maestría y con claridad los diversos avatares en los que se encuentra la fe; una fe que desea ser una alternativa fiable y llena de sentido para un creyente que vive en un mundo solicitado por multitud de opiniones y pareceres. Y la lectura de este libro, sin duda, le afianza un poco más en aquello que puede ser una elección valiosa para vivir su fe con apoyos.

Sí, porque la fe no está al margen de los problemas humanos, no está reñida con los sucesos del mundo, no vive al margen de la creencia o de lo que la New Age aporta. Sin olvidar todos estos temas, la fe puede aportar algo de luz, de racionalidad y de sentido para poder vivir una vida que sepa bandearse con los problemas de hoy. No es una huida, y así el autor nos lo quiere presentar, sino una ayuda para no echar en saco roto que, vivir con sentido y si puede ser, con sentido cristiano, merece la pena.

Además, el autor no niega el trabajo personal del lector interesado en esta obra. Invita a la reflexión, a cambiar la perspectiva adoptada en la asunción de creencias que han seguido demasiado literalmente la Biblia y que no olvida que el Dios que se mete en la historia, de alguna forma se revela también para que no quede ausente del vivir de aquellos que lo captan, ya sea por una sensibilidad especial, libre de toda sensiblería como por la de aquellos que se abren a la manifestación de Dios en los múltiples aconteceres del vivir ordinario o extraordinario.

Por eso, no están al margen los temas propios de una fe que se hace teología y expresión vital. De ahí que en estos y en los otros temas variados que recoge el libro, se va desgranando de forma positiva cómo la fe se puede ir robusteciendo y asentando al hilo de la lectura sosegada que podemos hacer de la obra.

A lo largo de nueve partes, amplias, con capítulos variados que jalonan cada una de las partes, va el autor adentrándose cada vez más en los pormenores de la fe. No se trata de ir profundizando cada vez más, como si al principio lo que se describe (la sociedad, el multiculturalismo, la familia o la complejidad social) no tuviera que tener nada que ver con la fe y sólo se descubra al final, cuando esperamos los temas “de peso”. No. El autor hace ver cómo la fe está ya desde el escenario de la experiencia religiosa y que, poco a poco, se va asentando en fe cristiana para, desde aquí, ir percibiendo qué aporta la fe en campos tan variados como la evangelización y la pastoral o la parusía o el final de la historia.

Es un libro que requiere una lectura atenta y con un marcado sentido por las dificultades de comprender hoy la fe en este mundo secular y, a la vez, aportar ese granito de arena para hacer aflorar la sensibilidad por lo religioso y la fe, en lectores menos avezados en estos temas; aún cuando, en lectores más experimentados en lo religioso, les ayuda a no perder de vista lo que es fundamental y volver de nuevo a ellos.

También el libro suscita la curiosidad que va más allá de un simple “enterarse” para sentirse captado o desafiado ante una fe (valga la redundancia) que necesita creer. Ya desde el principio se plantea la pregunta sobre el sentido de la vida, la pregunta más honda que todo ser humano se hace (o debe hacerse) y que encuentra una posibilidad de respuesta, con sentido, en las páginas del libro cuando se aventura a decir que “Dios puede ser esa razón de vivir, un Dios que se ha manifestado en Jesús y que propone un proyecto de vida” que puede vivirse más allá de la anécdota de vida, del consumo desenfrenado, del aparentar, de la moda o de vivir únicamente el presente como lo único que tiene uno en las manos.

A partir de aquí, y desde esta perspectiva, encajan muy bien en el proyecto de vida y se pueden entender con sentido las otras realidades que el libro propone: la muerte, la vida misma, la resurrección, la Iglesia, el mundo, el Espíritu, etc. Aunque, también es verdad, y el autor no lo elude plantearlo, el libro no es un recetario, ni tampoco asumir la fe en el Dios de Jesús nos libra de la lucha por purificarla, por hacerla más viva, por vivir incluso con la incertidumbre que lleva el creer. Es, en el fondo, un jugarse la vida por alguien en quien se confía y al que le damos carta de credibilidad para asentar en Él y, sobre Él, nuestra vida. Pero ¡eso es una elección! Y el autor lo que hace es explicar y razonar cómo la fe puede ser una apuesta decidida que aporte sentido.

Libro con una amplia bibliografía al final (con 26 páginas) y que se alumbra también con referencias constantes a pie de página en cada uno de los apartados, que hacen del libro un elemento al que se puede volver con frecuencia para los interesados en estos temas de manera clara y para aquellos que buscan encontrar una respuesta al problema de la fe.

Al final del libro, el autor nos ofrece a modo de corolario esta última reflexión:

“A las mujeres y hombres de todos los tiempos y de cualquier lugar, Dios ofrece la salvación. Toda persona puede encontrarse con Dios. Y el mediador definitivo es Jesús. Este encuentro con Dios, fuera de la historia concreta del AT y del NT y de las fronteras visibles de la Iglesia, es posible en cualquier momento, cuando un corazón humano, en su búsqueda sincera del bien, da el sí a Dios, aunque no lo conozca…” (pág. 597)

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Un baile peculiar… acompañado

Rodríguez Olaizola, J.M. Bailar con la soledad, Sal Terrae, Santander, 2018, 199 pp.

José María R. Olaizola arranca su escrito con estas palabras: “Una de las experiencias más universales y más humanas que podemos tener es la soledad. Es una peculiar compañera de camino. Un sentimiento complejo, que a veces trae paz, pero en otras ocasiones, nos abruma sin que sepamos bien qué hacer con eso que remueve en nosotros” (p.13)

 Casi bastarían estas palabras para zambullirse en el libro y empezar a “bailar” con la soledad, no tanto para acompañarla, sino porque se ofrece como compañera de baile, aunque a veces no la elijamos. Porque la soledad está en cada recodo del camino que hacemos, ya sea que estemos en medio de una gran manifestación, acompañados por mucha gente o en medio de la más absoluta sencillez de una habitación o un lugar deshabitado. La soledad nos envuelve… si bien de formas diferentes en cada una de las situaciones.

De ahí que el autor se proponga explicar de una manera sencilla, atrayente y que cautiva, con un lenguaje asequible, cómo la soledad se hace amiga nuestra, “como una amante” con muchos rostros y que en ocasiones acaricia y, en otras, muerde.

El libro nos va haciendo caer en la cuenta de aquellos motivos que tenemos para una soledad engañosa, hiriente y egoísta (“los otros me importan poco”, “soy un desastre porque a los otros siempre les va mejor que a mi”, etc.) a los que se juntan a veces motivos mediáticos, donde las comunicaciones aíslan, generan espacios de soledad no buscada que adormecen y muerden porque están llenos de incomunicación y hasta de hastío.

Así, el autor, experto en redes sociales y comunicación, nos hace caer en la cuenta de que muchos podemos estar “a la caza del like” para, según dicen las redes sociales, tener más amigos. ¿De verdad, tener más amigos?  O, ¿no será una triste sensación, de no saber cómo salir del embrollo en que nos hemos metido queriendo estar en todas partes y no estar en ninguna de manera plena?

Claro que no podemos quedarnos en aquello que oscurece el baile con una soledad no buscada, impuesta a veces desde fuera, que agota y adormece, que desequilibra y hastía, para buscar y “bailar” con aquella soledad que da hondura, buscada, desde la necesidad de saberse aceptado uno por sí mismo, sabiendo cuáles son los límites y las posibilidades de cada uno, con honradez, para tomarse en serio sin crearse falsas expectativas, pero sabiendo también las posibilidades (en creatividad, en iniciativa, en gratuidad, en aceptación del otro, etc.).

No cabe duda de que nuestra vida se fortalece en los encuentros. El autor propone al final del libro encuentros de tribu, de tu gente, de ti mismo contigo, de uno con Dios que tampoco está ausente del todo del vivir diario.

Al final, luego de haber ido pasando por varias etapas donde van apareciendo el rencor, la culpa, el abandono, las heridas (trae a colación el texto de Miguel Hernández, al recordarnos en uno de sus poemas, “… con tres heridas vengo: la de la vida, la del amor, la de la muerte) y se atreve el autor a conservar y explicar en el libro las dos últimas y cambia la primera por la herida de la fe, ya que en la sociedad en que vivimos (intolerancia, negatividad ante lo religioso, indiferencia, etc.) a veces, vivir la fe incluso con un grupo, supone vivirlo en soledad, porque suponen un salto en el vacío que nadie puede dar por ti.

Un libro ameno en su lectura, fácil de leer, apto para todos los públicos (va ya por la 8ª edición) y donde el autor nos anima a no echar en saco roto el baile que, en una u otra situación de la vida, tendremos que hacer con la soledad. Ojalá salgamos airosos de ese encuentro porque eso nos permitirá vivir con más hondura nuestro ser de personas y, si es el caso, de personas creyentes en Jesús.

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Refundar la Iglesia. Disidencia y liderazgo. Libro.

Autor: Gerald A. Arbuckle

Título: Refundar la Iglesia. Disidencia y liderazgo.

Editorial: Sal Terrae. Col. Presencia Teológica nº 89. Madrid 1998.

Páginas: 326 pág..

Comentario: A pesar de que el original en inglés está escrito en 1993, el libro es una excelente herramienta para interpretar el presente. La Iglesia, y las Congregaciones religiosas aún estamos tonteando con la cultura del pasado para pensarnos y expresarnos. La propuesta es refundar, hacer duelo por el “caos” que nos toca vivir y ser capaces de generar un cambio de cultura eclesial que nos permita llevar la Buena Noticia al mundo de hoy. Esplica la necesidad de disidente jerárquicos y de a pié. Cada capítulo presenta lo que va a explicar, lo desarrolla y al final añade una síntesis. De fácil y ágil lectura para cualquier persona preocupada por el futuro de la Iglesia y de la Vida Religiosa. Apasionante lectura. Tal es así que me he embarcado en leer otro libro suyo que no está traducido al castellano: “From chaos to mission: refounding religious life formation“… así que ando con diccionario en mano y pacientemente mejorando mi rudimentario inglés.

Índice

Primera parte: Disidencia, liderazgo y refundación en la Iglesia.
1.- Una refundación frustrada: explicación del problema.
2.- La Iglesia en el caos: una experiencia inevitable. Sigue leyendo

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Un revolucionario de ayer y hoy: Jesús de Nazaret

Pérez Andreo, B. La revolución de Jesús. El proyecto del Reino de Dios, PPC, Madrid, 2018, 261 pp.

El autor, quiere hacer mención al título y, con frecuencia, hace caer en la cuenta al lector de que la actitud y el comportamiento de Jesús fue obra de alguien que se saltó a la torera la ley, los usos cotidianos, los estereotipos de la época… por salvar a la persona, como Dios quería.

Insiste el autor en la experiencia prototípica del Éxodo: Dios que ve la opresión del pueblo, suscita un salvador (Moisés) y acompaña al pueblo en la dura travesía del desierto. Y si, para Dios, la opresión del pueblo es el desencadenante de la Alianza, con Jesús, Dios seguirá sacando la cara por el pueblo, por las personas concretas; en especial, por los que más sufren, por los explotados.

Va recorriendo el libro a través de seis capítulos y una conclusión, no tanto de lo que fue la vida de Jesús, punto por punto, cuanto destacando acentos de su actuar y su vivir. Arranca en cómo fundamentar que la actitud de Jesús fue la de un revolucionario a partir de la situación concreta social, política y religiosa de la época que marcarán de manera muy fuerte el actuar de Jesús, sus palabras y sus diatribas con las autoridades del pueblo (tanto religiosas, como políticas). Y cómo, a partir de ahí, en ese contexto surge Jesús (acaso como discípulo inicial del Bautista, del que posteriormente se separa) para anunciar y dar forma a un proyecto, el del Reino de Dios, revolucionario y al que Jesús consagra su vida. Sigue leyendo

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Salmo de la compasión.

 

Señor, henos aquí en tu presencia,
para alabarte y cantar las maravillas
que obras con nosotros.

Estamos disponibles para tu servicio,
dispuestos a colaborar con tu plan de Liberación.

Queremos entregarnos y dar lo mejor de
nosotros mismos en la misión
que nos has encomendado.

Contamos con tu gracia y tu bondad
y reconocemos que solo en ti
podemos esperar.

Queremos practicar y mejorar
la compasión con las personas
con quienes nos cruzamos en nuestro camino.

Asístenos en la misión que tú mismo
nos has confiado en nuestro quehacer diario.

Porque cada día, vemos personas
que necesitan apoyo, que tienen
carencias y esperan gran dosis de comprensión.

Acompáñanos, Señor, en la tarea
de hacer un mundo mejor en nuestro alrededor.

    Emiliano Diez G.

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