Salmo de la compasión.

 

Señor, henos aquí en tu presencia,
para alabarte y cantar las maravillas
que obras con nosotros.

Estamos disponibles para tu servicio,
dispuestos a colaborar con tu plan de Liberación.

Queremos entregarnos y dar lo mejor de
nosotros mismos en la misión
que nos has encomendado.

Contamos con tu gracia y tu bondad
y reconocemos que solo en ti
podemos esperar.

Queremos practicar y mejorar
la compasión con las personas
con quienes nos cruzamos en nuestro camino.

Asístenos en la misión que tú mismo
nos has confiado en nuestro quehacer diario.

Porque cada día, vemos personas
que necesitan apoyo, que tienen
carencias y esperan gran dosis de comprensión.

Acompáñanos, Señor, en la tarea
de hacer un mundo mejor en nuestro alrededor.

    Emiliano Diez G.

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!Es posible una nueva comunidad!

García Paredes, es, J.C.R.  Otra comunidad es posible. Bajo el liderazgo del Espíritu, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2018, 165 pp.

Cuando abrimos cualquier libro del autor, nos sentimos transportados a un universo mucho más amplio de las páginas del libro. Sí porque, de entrada, al ir leyendo el libro, el autor nos quiere llevar mucho más allá, dada la abundante bibliografía que nos ofrece como citas de lo que dice y como sugerencia también de lo que se va leyendo. Por eso, agradecemos a José Cristo Rey esa amplitud de miras que nos transporta a otros niveles diferentes

de lo que el libro concreta, ya sean las ciencias políticas, sociales, económicas o, como en nuestro caso, a citar con verdadero cariño las cartas de nuestro Hermano Superior, Bob Schieler.

Pretende el autor con este libro lo que el título recoge en su primera parte. Sí, otra comunidad es posible, pero no por nuestro esfuerzo humano, como algo propio que vamos construyendo (aunque también), sino, sobre todo, bajo el liderazgo del Espíritu. Es pues un libro cuyo título no despista, como parece ocurrir en otras obras donde el título es solo la sugerencia para una posible lectura, pero no lleva a ningún sitio.

Presenta el autor seis capítulos que van indicando por dónde cree él que se debe ir generando y conduciendo la nueva comunidad. Y sugiere, de entrada, que sea la misión la que vaya marcando el marchamo delo proyecto. Con una salvedad que quiere poner de manifiesto y que me parece importante: no se trata de ver lo que la comunidad puede hacer por Dios sino lo que hace que la comunidad se ponga al servicio de la misión y entienda qué es lo que Dios quiere de ella. Desde ahí cambia totalmente el sentido: se pasa de ser protagonistas de una construcción a ser servidoras de una misión. Y de ahí, cabe hacerse la pregunta: ¿Cómo ser comunidades configuradas y colaboradoras en la “missio Dei”? ¿Por dónde empezar? Y el autor ya da las primeras indicaciones: comunidades de discípulos para hacer discípulos y comunidades con visión por el celo misionero.

Por eso, el primer capítulo ya nos sitúa en el centro de un trabajo a hacer y una dinámica a comprender. Desde ese punto de partida, van arrancando los otros capítulos que responden a lo que debe vivir y hacer la nueva comunidad y que el autor va desgranando con expresiones que ayudan a entender lo que desea proponer el autor con mayor énfasis: comunidades como espacios de comunión; comunidades organizadas capaces de renacer reorganizándonos; comunidades lideradas por el Espíritu; comunidades con capacidad de reconciliación transformadora; comunidades con capacidad de volar, viajar, contemplar y soñar.

A cada uno de los apartados, dedica el autor espacio suficiente para comprender lo que se quiere decir. Además, el lenguaje del autor es sencillo de entender y se adecúa muy bien a lo que habitualmente vivimos los que “funcionamos” en comunidad; es decir, nos suenan mucho determinados aspectos que se recogen en la publicación, pero nos animan a no seguir haciendo más de lo mismo, en un deseo de superación que pase del ego-sistema al eco-sistema.

Nos encontraremos en el texto con palabras griegas que al autor le gusta poner en determinados momentos de la publicación; pues volver a la raíz de determinadas expresiones ayudan a entender qué se quiere decir de una manera mucho más intuitiva, pues el tiempo ha hecho perder el significado de ciertas palabras. Así, nos irán sonando con mucha más fuerza conceptos como “bio-cenosis” (comunidades de vivientes) y “bio-topos” (lugares donde están los vivientes), “ceno-bios” (misma palabra que biocenosis), “perichóresis” (mutua relación de la danza divina entre las tres personas), “oikos” (familia extendida, centro de misión), “autopoiesis” (capacidad de los seres vivos de renacer a través de la organización), etc.

Nos invita a no echar en saco roto los descubrimientos de las ciencias sociales. Así, hace mención a un libro[1] que está siendo elemento de estudio en las organizaciones y que el autor desgrana sus elementos aplicado a las comunidades religiosas, dedicándole el capítulo tercero (“Comunidades organizadas: el nuevo paradigma”) a preguntarnos si nuestras comunidades son capaces de abrir procesos “autopoiéticos” que respondan a lo más genuino de nuestra fe. Y le lleva al autor a preguntarse, junto al autor del libro mencionado, si nuestras comunidades u organizaciones más amplias (Distritos, provincias, etc.) tienen el color “teal” (turquesa) que va describiendo en las páginas 78 y siguientes.

El autor, en un momento de su obra habla de liderazgo. Y es inevitable caer, si no se tienen muy en cuenta las situaciones, irse hacia lo que las ciencias sociales hablan sobre el tema. Pero el autor nos lleva a considerar que hoy también las ciencias sociales hablan, no sólo de liderazgo, sino también de “seguidorazgo”, “holocracia” (ausencia de jerarquía), autogestión o equipo, que son modelos nuevos de dotarse de estructura las organizaciones sociales (sean fábricas, empresas, colegios, hospitales, etc.). Y de ahí nos traslada a un cambio de paradigma: “liderazgo inclusivo y colaboracional”: ahí está el cambio de paradigma, donde el líder deja de ser el “gurú” del futuro para hacer que sea un liderazgo inclusivo con quieren trabaja y no excluyente.

Todo lo anterior lleva a darle una importancia grande al discernimiento y al “trabajo” del Espíritu en nuestras organizaciones comunitarias. El Espíritu se hace entonces garante de nuestro modo nuevo de construir comunidad, si le dejamos actuar. Desde ahí, tiene sentido el hablar de comunidades reconciliadas y dejar hueco en la comunidad a que las situaciones de conflicto no sean ocasiones para la disgregación comunitaria sino oportunidades de transformación que nos obliguen a no “estancar” los conflictos, sino a enfrentarse a ellos, dice el autor, diseñando el mapa del conflicto en modo “espiral”, iniciando desde el epicentro y que permite en modo dinámico, saltar hacia la superación (Cfr ejemplo de Esaú y Jacob, Génesis, capítulos 25-33).

Al final, el autor propone cuatros verbos que pueden hacer de nuestra comunidad que se sienta ella misma transformada y generadora de transformación en su entorno. Y lo hace a partir de los verbos: “volar”, “viajar”, “contemplar” y “soñar” que son ya de por sí, lo suficientemente intuitivos para ver por dónde caminar y afrontar el futuro que es ya presente. Es el proceso de “autopoiesis”.

Y concluye el autor: “Estamos en un momento en que necesitamos sueños, visión y audacia. Y en el que hemos de exorcizar el miedo, el cinismo y la duda… La vida es imparable. ¡Otra comunidad es posible!” (pág. 160)

Jesús Miguel Zamora Martín

[1] Laloux, F. Reinventar las organizaciones, Arpa Editores, Barcelona, 2016, 384 pp.

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Creer en el corazón de la ciudad… es posible

Núñez, J.M. Creer en el corazón de la ciudad. (La fe que busca comprender), KHAF, Madrid, 2018, 244 pp.

El libro que nos ofrece el autor, salesiano y sacerdote, tiene una finalidad concreta a juicio del mismo autor: “… un cuaderno de bitácora a modo de reflexiones, para creyentes inquietos…”

Es probable que ya de entrada, alguien que no se sienta aludido como “creyente inquieto” pueda tener la sensación de que lo que se recoge en el libro no va con él. Pudiera ser. Pero en ningún momento es deseo del autor medir ese nivel, a partir del cual, el libro, a esa persona le “desborda”.

Al contrario; creo que el autor quiere hacer honor a su pretensión de bajar a la arena de lo habitual, de la vida ordinaria donde se juegan y se toman las decisiones de cada día y, desde ahí, provocar, invitar, sugerir para que el lector, aunque no sea nada más que eso, se haga preguntas. Y no cualesquiera, sino aquellas que tienen que ver con cierta hondura de la vida y que aportan sentido.

Así, la inquietud creyente comienza primero con los porqués de la vida y, acaso, por qué no, en esas preguntas puede aparecer alguna respuesta que contenga a Dios. Al menos, el autor no lo descarta, siempre y cuando el hombre o la mujer actúen desde la honestidad personal de su vivir y no tengan miedo a plantearse esos interrogantes de sentido y quizá, entrever que en algunas de sus respuestas aparezca Dios como configurador de la vida. Quizá tímidamente en un primer momento; con más solidez, después.

El libro es una invitación a no dar saltos, aunque también el autor es consciente de que escribe “… desde la maravillosa experiencia de creer…” ¿Acaso puede ser un impedimento para situarse en el nivel “no creyente” y, desde ahí, arrancar un recorrido que pueda tener su final en la fe? Pues sí, es posible y el autor desafía falsas imágenes, adentrándose en este camino. Así, desde ese planteamiento, propone al lector seguir en su dinamismo.

Sabe el autor que, en un mundo convulso, preocupado por otras cosas que no son Dios, hablar de Dios no es fácil, siempre y cuando se vaya con dogmatismos o discursos ya sabidos, los de siempre y que, a veces por desgracia, nuestra Iglesia preconiza. Pero cuando lo más ordinario de la vida se te descubre como algo revelador, si estamos mínimamente atentos (por ejemplo, en la caricia cuando estamos mal, en una palabra amable que levanta el ánimo, en una canción que serena el espíritu o en una visión de la naturaleza que nos extasía, etc.) pueden llevar a preguntarnos por qué es así, por qué esas personas viven de esa forma, pendientes del bienestar del otro y le ayudan.

Incluso en esos momentos oscuros, tensos, difíciles de digerir en la vida (que los hay) y donde de nuevo las preguntas y porqués afloran tratando de encontrar una salida, ¿por qué no pensar que puede haber un Tú trascendente que no se impone, sino que se descubre como alguien que sale al encuentro y ofrece sentido y respuestas? Claro, ¿por qué no?

Desde este posible descubrimiento, se destaca según el autor, que Dios no viene a ser el contrario en la lucha de la vida ordinaria, aunque los maestros de la sospecha del XIX, o los más recientes del XXI fuercen a pensar lo contrario. Es posible y razonable, según el autor “… la opción religiosa cuando acompañamos al ser humano en la búsqueda de un horizonte que confiere más sentido a su propia historia. Es una posibilidad…”

 Tenemos experiencias como personas: la finitud, el dolor, el amor (incluso cuando puedan existir ciertas dosis de ambigüedad en su vivir) que nos hablan o remiten a algo más auténtico, más consistente. Quizá hemos proyectado una imagen de Dios que es hosca, juzgadora, donde la Iglesia en muchas ocasiones se ha puesto el traje de juez más que el mandil de servicio y de ofrecer fraternidad y acogida. Y por eso cuesta a nuestros contemporáneos llegar a esa posibilidad de encuentro con Dios.

Afirma y hace hincapié el autor de una manera fuerte en el papel de los cristianos. Están llamados a la coherencia personal, al testimonio, a generar espacios de fraternidad comunitaria que ofrezcan un rostro humano, alegre y esperanzado del Jesús a quien siguen. Sin complejos a la hora de dialogar con la cultura, sin extremismos ni hachazos; pero también, como expresión de lo que la fe aporta en un mundo secular, que acaso, tenga ganas de este mensaje de Evangelio.

El libro se estructura en cinco partes, de desigual amplitud, siendo la tercera que lleva por titulo: “Creo Señor. La fe cristiana”, el más largo. Esta parte arranca comentando la experiencia del cariño con otras personas y cómo esa relación “desvela” aunque también “vela” lo que somos y lo que es el otro. Desde ahí, creer en el otro, desde el corazón, puede ser una experiencia análoga a la de la fe: creer en el Otro (con mayúscula), desde el corazón es entregarse sin miedo. Es creer. Es fe.

Cada parte se estructura en pequeños capítulos, al final de los cuales el autor nos regala unas cuantas preguntas para seguir en esa “rumia” personal que aviva lo leído. Dichas preguntas invitan a la claridad, a la honradez personal, a la coherencia en el vivir provechando todo lo bueno del mundo, sin demonizarlo, pero también siendo críticos cuando lo que se pone en juego es la vida humana golpeada, sufriente de mucha gente y que el autor nos recuerda, por activa y por pasiva, en muchas páginas del libro para que no lo olvidemos.

Notaremos que, cuando vayamos repasando las páginas del libro, el autor se dirige al lector de manera personal. En muchos casos, parece que invitan directamente al diálogo con el autor y, acaso, le sorprenda al lector ver aparecer expresiones como: “… seguro que recuerdas…”, “… habrás escuchado…”, “… como ves en lo que sigue…”, “¿recuerdas lo que afirmamos…?” etc. como un deseo del autor de importunar al lector -en el mejor de los sentidos- para que no divague o se escape pensando que lo que se dice es para otro. Al final, pero no sólo del libro, sino en muchos pasajes del mismo, hay una llamada al optimismo cristiano sin perder de vista el dolor y el sufrimiento de los pobres.

Se lo diré a Dios”, proclama el pequeño sirio poco antes de morir bajos las bombas que sacuden el infierno de la guerra en su país. Y el autor, recogiendo ese grito, afirma al final “… se lo diré yo también a Dios cuando le vea y su justicia será definitivamente la nuestra”. Un clamor que, según el mismo autor, para no olvidarse, se lo dice a Dios mañana y tarde “… desesperado en la esperanza que me habita”.

Catequistas, cristianos de a pie, educadores, personas que se interrogan por su fe y desean honestamente no darle la espalda al mundo, no creyentes a los que la segunda parte del título del libro “… en el corazón de la ciudad” puede llevarles honestamente a la primera parte del título “creer” y encontrar en estas páginas, unos y otros, creyentes y los que no lo son tanto alimento a su vivir y propuestas valiosas para su desarrollo personal.

Jesús Miguel Zamora Martín

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Leer un diario… desde la guerra en Alepo.

Rawick, M.& Lobjois, P. El diario de Myriam, Edelvives, Madrid, 2017, 120 pp.

Cuerpos blancos con la boca entreabierta, el torno desnudo y el pecho arqueado en busca de aire… Treinta niños víctimas de un ataque químico perpetrado la mañana del 6 de abril de 2017, en la provincia de Idlib, protagonizaron las portadas de todos los periódicos…”

Así comienza este libro que narra los horrores que vive una familia y las gentes de Alepo, a través de los ojos y de las vivencias de una niña que, cuando comienza el terror tiene seis años y que culmina con 13. “Me llamo Myriam y tengo trece años. Crecí en Jabal al Saydé, el barrio de Alepo en el que nací y que hoy ya no existe…”

Es la historia de cómo se ha ido desangrando Alepo a lo largo de los últimos años, fruto de la barbarie y de las bombas de no se sabe quién o de los disparos de los francotiradores que meten el miedo en el cuerpo a familias y, sobre todo, a los niños. A lo largo del relato que comienza con la fecha del 12 de junio de 2011, van pasando por los ojos de Myriam, la niña protagonista junto a su diario, del relato de unos años que marcarán la vida de las personas que conoce, de los que están y de los que, por desgracia, ya se fueron (incluso familiares) fruto de las bombas o de la masacre indiscriminada.

Como si de un relato que refleja el color más bello y bonito, donde todo es amabilidad, frescura, gozo y oportunidades de estudio en el colegio de los “maristas azules” como dice Myriam, se pasa gradualmente y sin saber por qué, a convivir con el desasosiego de no saber qué sucederá, no sólo mañana, sino al instante siguiente cuando la carga mortífera de un misil o una bomba trastoquen todos los planes.

Myriam va viendo con sus propios ojos cómo se degrada la situación social y política, cómo hay que huir de los lugares agradables que hemos disfrutado y vivido y cómo hay que protegerse a cada poco por el temor de que por cualquier bomba que estalle cerca o de los disparos de un francotirador que se ha apostado en los lugares de paso de los civiles (de Myriam y su familia), acabe con tu vida. Se pasa así, del más vistoso color, al oscuro de la destrucción, del no saber por qué hay que vivir la desgracia de abandonar el hogar de siempre o cambiar de casa o refugiarse, sabe Dios dónde, para no dejar la vida de cada persona que vive contigo a la intemperie de los acontecimientos que, en este caso, no son muy favorables.

Por encima de todo, cuando la gente sufre, la solidaridad y la preocupación por los otros no empañan la falta de alimentos o el gozo de un encuentro. Y se sabe disfrutar y compartir. Y se sabe valorar lo que significa la escuela de los Hermanos Maristas de Alepo. Y se sabe compartir el sufrimiento causado por aquellos que pretenden destruir la paz y la bonanza de una tierra que ha sido provechosa y rica para sus gentes.

El autor, un periodista P. Lobjois, se encuentra en Alepo, en diciembre de 2016 con Myriam (cuando tiene 13 años) y su familia. Y entre ellos se establece una corriente de simpatía y de mutua colaboración para sacar a la luz los recuerdos y las emociones, los quereres y los sinsabores, los gozos y las lágrimas de una tierra que ha sido fecunda para sus habitantes, donde muchas gentes encontraban su sustento y su calidad de vida, y donde ahora, esa misma tierra, suena a destrucción, a carencia de futuro, donde se huelen el horror y la guerra y donde el porvenir, a través de los ojos de una niña, estará marcado para siempre por la vivencia del horror y la tristeza de lo vivido.

También se refleja en el libro que la cordura se impone en el diario vivir, cuando cristianos y musulmanes hacen de sus vidas un círculo de respeto, de ayuda, de amor mutuo porque, por encima de diferencias de religión, es la vida con sus sinsabores la que nos une, cuando estamos atentos unos a otros, más preocupados por el bien de los demás que por el de uno mismo. ¡Extraordinario ejemplo en medio de la tragedia de una guerra!

Concluye la propia protagonista en el libro:

Me he visto atrapada en un conflicto que no tiene nombre, ni tampoco una palabra que los niños puedan comprender. No lo he entendido.Hablaban de guerra civil, de bombardeos rusos y de coalición internacional. Pero para mi solo había miedo, tristeza, angustia, recuerdos de una vida anterior que nunca recuperaré”.

Un libro para leer con calma, imaginándose el escenario y donde ayudará ponerse en la piel de esa niña que ha ido viviendo los horrores de la guerra desde antes de sus trece años. ¿Qué queda? Acaso seguir pensando o soñando que todo lo que relata de menos positivo, no vuelva nunca más.

 

 

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Salmo de la solidaridad

Señor, tu nos diste tu palabra,
tu promesa, tu regalo,
eres siempre solidario, con el débil,
el necesitado.

Tú eres pan para todos,
no haces distinción de credos,
razas  ni pensamiento,
solo te importa la vida, de tus hijos,
mis hermanos.

Cada día, Señor, diste todo
a quien estaba a tu lado,
nunca dejaste solo, a quien te pedía algo,
…perdonabas, comprendías
y a todos alargabas tu mano.

Señor, no solo eres camino o verdad,
eres también esperanza para el pobre y sencillo.
Eres testigo  de justicia y libertad,
para nuestro mundo ambicioso y egoísta,
carente de solidaridad.

Considera Señor, nuestros buenos deseos
de servir y realizar tu obra  con los olvidados
de esta nuestra sociedad.

Ya nos llamaste a ser hermanos y hermanas
y a tener experiencia de comunidad,
para entregarnos a todos los necesitados
poco a poco, cada día algo más.

Camina siempre a nuestro lado
no nos dejes solos  ante los demás.
danos tu aliento, tu espíritu
para ejercer más solidaridad.

Cada día llega alguien que se siente nada,
despreciado, isla, en este inmenso mar,
mendigando una palabra de alivio, amistad.

Señor, queremos ser tus testigos,
para todos, esperanza, alegría,
cercanía, acogida y solidaridad.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre.
Amén

 

       Hno. Emiliano Diez G.

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Asociados al Dios de la vida.

Dar vida,
dar buena vida a los demás,
cuidar de nuestro mundo,
crecer juntos…

…con la promesa de superar la muerte.

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Vivir las propias limitaciones-fracasos. Acompañamiento.

1.- Dedícale unos minutos a hacerte consciente de los fracasos de tu vida. Haz una pequeña lista de aquellas situaciones en que la realidad te ha superado. Pusiste esperanza, pero ya has renunciado. De toda esa lista, ¿cuál ha sido tu último fracaso?

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Aplicación de móvil para ayudar en la meditación.

Si tienes la costumbre de dedicar un tiempo a la meditación, y no quieres continuamente estar mirando el reloj, la siguiente aplicación te puede ser útil:

Zazen Meditation Timer.
– Para Android es gratuita, no tiene publicidad, no da problemas… Para Apple no te lo puedo asegurar, pero existe.
– Si así lo configuras, cuando la lanzas deja automáticamente el móvil en “no molestar”. No suenan las entradas de correo o whatsapp, ni las llamadas telefónicas… pues eso, para no distraerse en nada: silencio, meditación. Cuando la cierras vuelve el móvil a quedar con la configuración de antes de lanzar la aplicación.
– Puedes configurar los sonidos (tono, y volument -independientemente del volumen por defecto de tu móvil). Puedes hacer que la pantalla muestre la progresión o que se oscurezca…

Aquí debajo te pongo una imágenes que muestran un ejemplo:
– 1 minuto de preparación: Para ponerse en la presencia de Dios, por ejemplo… “Te dedico estos minutos de meditación a Ti, no a mis negocios”. Al final de este minuto suena un gong.
– 25 minutos de silencio. Al final de este tiempo suena un gong.
– 1 minuto de acción de gracias… “mis manos las pongo a tu servicio”. Al final sonarán tres gogns.

Funciona muy bien, hasta el día de hoy. Estos días, en el retiro de silencio, en Griñón, la hemos estado empleando.

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Desde la libertad. Acompañamiento espiritual.

La libertad es un gran don que recibimos de la vida. Y a la vez es una conquista. Nos hacemos personas en la medida que desarrollamos nuestra libertad. Pero hay diferentes dimensiones en la libertad: libertad como espontaneidad, autoafirmase sobre lo que le rodea a uno, autonomía, desarrollar el propio proyecto, integración de la autoridad, capacidad de entrega…

1.- ¿Qué te sugiere cada una de las siguientes imágenes con respecto a tu libertad? No es necesario que comentes todas, pero es muy importante que expreses lo que te hacen sentir.


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Trabajar los sufrimientos- Acompañamiento espiritual.

1.- Todos los seres humanos rechazamos el sufrimiento, es instinto de supervivencia. Evitar la violencia, huir del peligro son una buena defensa. El problema puede estar que a veces tapamos el dolor y nos defendemos de él de manera poco constructiva: ir siempre de prisa, victimismo, racionalización, huidas, negación, cinismo, compensación o evasión… ¿Detectas en ti algunos de estos tipos de mecanismos de defensa?

 

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