Unidos en la diferencia

Así es como se me ocurre definir la nueva comunidad a la que voy a pertenecer durante el próximo curso.

Nos lo pidió Jesús, repetidamente, en su Testamento

Nos lo pidió Jesús, repetidamente, en su Testamento

Cada uno de sus miembros tenemos nuestro propio modo de ser. Lo hemos ido forjando a lo largo de un montón de años. Los ambientes donde se han dado nuestras vivencias han sido diferentes, como es diferente el ADN, y también la comprensión personal que tenemos de la vida, del mundo y de nuestra misión en él.

Al mismo tiempo es mucho mayor lo que nos unifica y hace posible sentirnos comunidad. Lo iremos descubriendo poco a poco. Ninguno de nosotros pretende saber desde el primer día hasta dónde llegaremos. El Creador tuvo la feliz idea de hacer la Tierra redonda para que nuestra vista no alcance más allá de un horizonte limitado. Hay que seguir caminando para ver otros paisajes que nos están esperando.

Desde el primer día habremos hecho un hermoso, y lo más realista posible, Proyecto Comunitario. Nos servirá para empezar a recorrer los nuevos senderos. Será un sencillo esbozo de nuestros sueños. Tendrá que parecerse a la pequeña semilla de mostaza de la que nos habla Jesús. Él la sembró para todos sus seguidores. Y con su ayuda estamos llamados, cada uno de los cristianos, a continuar sembrando hoy en el “trozo de tierra humana” que nos ha confiado para cultivarla y hacerla fructífera en nombre suyo.

No somos los dueños, sí los que hacemos cuanto Él nos diga

No somos los dueños, sí los que hacemos cuanto Él nos diga

Ahí está, sobre todo, nuestra unidad. En el Espíritu del Maestro, deseoso de animarnos a cuidar su viña. Sin olvidar que en esta su viña, además de sus obreros, somos también sus sarmientos. Sin Mí no podéis hacer nadade lo que os propongáis. Sí, podremos hacer algo según nos parezca que es lo mejor. Pero “Si el Señor no construye la casa…”

Como cultura cristiana tenemos una doctrina muy estructurada en la que creo, y de la que soy cada día más consciente. A la vez noto, en general, que la gente tarda mucho en descubrir los auténticos valores cristianos. Hace falta una formación que pide tiempo. Y que ésta sea de experiencia acompañante de los saberes. Eso ya lo presentía en mis tiempos jóvenes. Ahora lo veo todavía más urgente.

Por otro lado, en el tema de la espiritualidad, nos vemos desbordados por multitud de corrientes. Están multiplicándose, porque la humanidad siente más la necesidad del elemento espiritual. Estamos convencidos de que la nuestra es estupenda doctrinalmente. Aunque no tiene el agarre que desearíamos en los jóvenes.

Y añado, posiblemente me equivoco, o quizá no me explico lo bastante. He encontrado personas que me daban la impresión de ser más espirituales que nosotros, al menos que yo. Y que esas personas no ponen a Cristo como centro, aunque también le den un puesto importante. Nuestra espiritualidad quizá sea demasiado rutinaria, poco elegida con total libertad, algo palabrera, no lo suficiente experiencial, no hecha carne y uña, y que resulte alimento de la vida diaria. Por suerte hay excepciones, y muchas.

Y todavía quiero añadir algo más, que dudaba en ponerlo. Los cristianos, los religiosos, no es que nos hayamos dormido, ni que no hayamos sudado de lo lindo. Sí que nos ha faltado cultivar más la creatividad, dejar de vivir en los laureles, ser punta de lanza, mirar menos al pasado y más al porvenir, mirarlo desde los cambios que se van sucediendo y nos arrollan, ser un poco más profetas de atalaya…

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