Autor: Gil, Pedro María, FSC
Título completo: De una comunidad a otra II. La arquitectura interior.

Hermanos de las Escuelas Cristianas,
Estudios Lasalianos nº 19/II
Roma, noviembre 2025, 227 páginas.
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ISBN: 978-88-99383-43-5

En la web del Instituto también se puede encontrar traducido al inglés.

Breve comentario:

En este segundo tomo el Hno. Pedro Gil describe los seis criterios desde los cuales construir la nueva Comunidad. Anota que «las Instituciones con conciencia de su propia historia ofrecen a la sociedad más garantías de futuro». Aquí el primer criterio y de ahí el primer tomo que ya hemos comentado en otra entrada:

Siguen los otros cinco criterios: conectar la misión y la nueva Evangelización; recuperar la dimensión transcendente de la llamada; sentirse enviado, consagrado a una misión; una escuela que ya no está en la lógica de la Modernidad, sino que hace posible el encuentro con la fe; y una nueva Comunidad que sustente y sea signo de cómo Dios se asoma a la humanidad, en medio de lo educativo. La infografía que acompaña esta entrada refleja estos 6 criterios.
Me parece muy interesante el subrayado que hace el autor al indicar que en este momento de la historia el contenido principal de la Comunidad es cuidar la formación de sus miembros en la fidelidad, sin confundir fidelidad con mimetismo o domesticación. También las referencias que hace para plantear la Nueva Evangelización desde el asomarse a las marginaciones, necesidades de todo tipo y proximidad con los pobres.
Sé que te pueden parecer muchas las páginas a leer. Por eso ofrezco citas que destaco: si tienes poco tiempo échale una leída a algunas de ellas, con la esperanza de que te motiven a leer el libro entero, vale la pena invertir en ello.


Infografía del primer tomo
Infografía del segundo tomo

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Índice de los dos tomos:

Para ir directamente al índice del SEGUNDO tomo, ciclar aquí.

PRIMER TOMO

Presentación

Primera parte: un siglo de señales

Tres etapas en la emergencia de un modelo nuevo

Percibir los ‘signos de los tiempos’
Tres actitudes, tres momentos
Y un aviso: el lenguaje, que puede ser una trampa

Primer tiempo: restaurar

1. Dos Circulares y un Prólogo

2. En los acontecimientos de 1904

Una consulta a Roma y la respuesta del Papa
La Constitución Conditae a Christo
De los tres Capítulos Generales

3. Medio siglo después, otra vez las Reglas

1946: recomenzar
1956: suficiencias e insuficiencias de la restauración
Un Anexo
Los orígenes y la identidad lasaliana

Segundo tiempo: renovar

1. Una Declaración

Renovar la conciencia, renovar las definiciones
Comunidad y comunidad educativa

2. La Fraternidad Signum Fidei

La Comisión Internacional de los Votos y la Fraternidad Signum Fidei
‘El desafío del Fundador’
Un déficit poco visible

3. 1986: compartir la Misión (1)

La Misión Compartida
La novedad del esquema
Misión y Comunidad
Precisar los términos

Tercer Tiempo: refundar

1. 1993: compartir la Misión (2)

Dos textos para interpretar el Proyecto Lasaliano
Desafíos técnicos y desafíos de adaptación

2. La Asociación y la educación de los pobres

Identidad y Asociación
El Signo de la Fraternidad

3. 2015: una revisión obligada

Comprender la Comunidad
Y codificar la comprensión
Entonces ¿necesitamos ‘nuevos y grandes documentos’, o no

Panorámica

Un lenguaje común y nuevo
El nuevo lenguaje y la nueva Comunidad
Definir desde un sistema de tres

SEGUNDO TOMO

Presentación

Segunda parte: la arquitectura interior

Los ejes de la nueva Comunidad:

La actualización de las Reglas, síntoma de un tiempo nuevo
Cuatro siglos después, tal vez, todavía Trento
Compartir el Signo

Seis criterios para construir la nueva Comunidad

1. Una Institución en la historia

Comprender la nueva Comunidad
Comunidad y organización
Refundar, comprometerse
En otra época, sí

2. La Nueva Evangelización

País de misión
En qué Iglesia
Futuro y contemplación
Y un lenguaje nuevo
La cultura, lugar teológico

3. La Llamada

Recuperar la vocación (uno)
Redescubrir la secularidad (dos)
Asumir la responsabilidad (y tres)
El Plan de Dios

4. El Envío

El Ministerio del Signo
Palabra de quien envía
Misión, Signo, fidelidad
Testigos de la fraternidad

5. La Escuela Cristiana

Tiempos modernos: la primera armonía
El misterio íntimo
Un agotamiento no del todo consciente
Desafíos y nueva Comunidad
Una armonía nueva
Comunión y Evangelio

6. La Comunidad de la Escuela Cristiana

El sacramento de la Comunidad
Las dimensiones de la cuestión
Tres siglos, tres fases
El Ministerio del Signo
Asociación, ayer y hoy
La gracia de la nueva Comunidad

Final: un Sistema

1. Tres ejes
2. Una constante
3. El Sistema
4. Límite vs. frontera
5. Breve operativa, a modo de ejemplo

Epílogo

Tres siglos después

Citas que destaco

“…las instituciones religiosas naci­das tras el Concilio de Trento no han llegado nunca a vivir armónicamente su consagración religiosa y su compromi­so apostólico.” Pág. 31

“Los votos no pretendían hacer de nadie signo, más que de una reno­vada capacidad de trabajo, más sencillo estatuto económi­co y mayor disponibilidad.
En realidad, lo que definía a un Hermano era otra cosa: su pertenencia a una Comunidad dedicada exclusivamente a la educación de las clases populares.” Pág. 32

“Los últimos 30 años, desde el Capítulo de 1993 hasta hoy, tienen como protagonista la emergencia de un modelo re­novado de Consagración. Fruto y efecto a la vez, a concien­cia y sin haberlo previsto, se va abriendo el discurso de la Comunidad como Signo.” Pág. 35

“Es cierto que, en muchos casos, el proyecto se ha ido disol­viendo con la progresiva desaparición de los Hermanos. Es cierto también que por lógica deben ser más éstos que los demás. Es cierto y tal vez por eso mismo el indicador que señalamos es todavía más significativo.
Se trata del incremento —no sólo cuantitativo— del núme­ro de personas comprometidas más allá de los límites de su contrato laboral. El incremento que entendemos como signo es la naturaleza de ese compromiso: es siempre una expresión de la fe de la persona. Es un cambio cualitativo.
No importa, en este caso, si se trata de una fe convencio­nal, es decir, homologable desde la comunidad cristiana o cualquier otra confesión religiosa. Importa esa fe en sí misma, es decir, la aceptación de que el Misterio (Dios, por tanto) está en el proceso de la vida de los alumnos y en la voluntad de los educadores… ha crecido significativamente el número de educadores que confiesan su fe en la trascendencia de su ministerio educador.” Pág. 50

“…necesitamos pensar desde la ‘seglaridad’, no desde los votos. Y reconocer que la fórmula heredada en forma de vida religiosa docente (como otras formas de consagración nacidas en la Modernidad) está concebida de un modo —para hoy— anacrónico.
Y se entiende, desde esta óptica, que las formas institu­cionales para compartir la vocación, es decir, las formas de la comunidad, deben ser otras, también. Pág. 51

“…‘compromiso’ tiene significado plural. Se refiere, como es fácil de imaginar, a la compa­tibilidad del compromiso diversificado según los diversos estados de vida de los miembros de la comunidad… Cada persona se alimenta de lo que comparte y la comunidad se constituye en ese compartir.” Pág. 51

“…en el proyecto se reservaba el modelo Co­munidad para el grupo de los Hermanos, mientras que para el conjunto de cada proyecto educativo se aplicaba el modelo organización. Fue una situación muy grave (que se ha prolongado después durante decenios). Así resulta­ba que la Institución estaba mucho más al día en cuanto organización para la educación que en cuanto Comunidad para animarla.” Pág. 54

“el olvido de que la fundación no había consistido en establecer escuelas sino comunida­des que las animaran. Esto, por su olvido o al menos por su descuido, fue la causa de que en la institución fuera poco a poco desintegrándose la Comunidad para quedar reducida a organización.” Pág. 56

“[Citando la Declaración de 1967] El objetivo prioritario no consistirá pues en el manteni­miento de las obras existentes sino en la constitución de comunidades vivas, suficientemente provistas de per­sonal cualificado para estar en condiciones de animar la institución escolar (Declaración 49.3).” Pág. 56

“Hay lugares en los que se supone que él, el Hermano, es quien tiene la luz para constituir en torno suyo lo que pueda ve­nir; y hay otros en los que el Hermano es un miembro de la Comunidad, con una experiencia y un conocimiento espe­cífico de la situación, pero sin ningún título de clarividen­cia o privilegio de prioridad por encima de nadie.” Pág. 58

“…si hay relación entre religión y cultura, la cultura misma es el lugar donde se expresa la religión; si no existe esa relación, la cultura no es lugar para la reli­gión. Ahora bien: si la educación se dedica por principio a la cultura, será o no lugar adecuado para una Institución religiosa según lo religioso esté o no esté en ella. Según esté o no, será o no será lo que en teología clásica se llamaba ‘lugar teológico’.
Una institución como la lasaliana nace cuando la educa­ción es un lugar teológico, al menos potencial, y desapa­rece en caso contrario.” Pág. 66

“La misma Iglesia necesitaba, necesita, reencontrar su voca­bulario, doctrinal e institucional, sin regirse primariamente por el que acaba de caducar, sino por la situación de las pri­meras comunidades cristianas, cuando ‘iglesia’ significaba sobre todo la comunidad más próxima y estaba por conce­birse todo el desarrollo doctrinal e institucional posterior.
Por eso no puede llamar la atención que nos dirijamos también a la gran Comunidad Lasaliana como país de mi­sión. Evangelizadora, sí, y también por evangelizar.” Pág. 69

“Si recordamos la historia de la tradición familiar lasaliana, nos resultará realmente llamativo que la consagración haya llegado a la Institución Lasaliana mucho más desde su en­cuentro con los pobres que desde su adscripción a un lugar en el mundo de los cánones.
Fueron los pobres y su escuela los que llevaron a aquel grupo a vivir un modelo de consagración totalmente fiel al mensaje de la primera comunidad cristiana y lleno de vida ante el futuro de las nuevas sociedades. Cuando ese futuro llegara, según esto, la referencia no estaría tanto en la teología de la consagración cuanto en la proximidad a los pobres.” Pág. 79

“… no se trata tan solo de refundar la Comunidad Lasaliana, sino de refundar esa institución de Iglesia que llamamos Comunidad consagrada.” Pág. 79

“… las Meditaciones para el Tiempo de Re­tiro contienen la lectura teológica de la identidad institu­cional sin utilizar para nada el vocabulario que podríamos esperar de la teología de la vida religiosa. Hablan del Plan de Dios, de la identificación con Jesucristo, de la Iglesia, de los ángeles custodios, del compromiso y la personalización educadores, de la responsabilidad en el quehacer educa­dor, de la esperanza en el reconocimiento de Dios y de la sociedad. Ni siquiera en la única menciónla Institución o a la sociedad de las escuelas cristianas, ni siquiera enton­ces, se habla de vida religiosa ni de vida monástica, ni de votos religiosos.” Pág. 86

“Es la vocación, que transforma lo conocido de la vida y aporta un sentido o pequeñas respuestas a lo diario. Por todas partes encontramos el mismo tema: hay algo que sorprende y plenifica, satisface. Hay algo donde no se su­ponía que hubiera nada más que trabajo o quehacer con­tratado. De pronto el discurso, sin dejar de ser laboral, es además otra cosa.” Pág. 94

“La comprobación de que el hecho vocacional no era exclu­siva de nadie no es el menor de los signos de este tiempo.
Cuando una persona, superado o asumido el momento de la admiración amistosa hacia otra o hacia un proyecto, se encuentra ante el Misterio que le envuelve y le guía, su vida se conmueve. En el secreto de su corazón siente y sabe que ahora es mucho más que antes o mucho más de lo que creía ser. Si esto se comparte con otras personas en torno al mismo proyecto, entonces ciertamente estamos ante el alma de una comunidad.” Pág. 95

“Al introducir el tema del Misterio de la historia y del Evangelio, obli­gan a preguntar si la Misión coincide con el trabajo o es algo más, algo distinto pero que no lo parece.
Después, ante la novedad que supone la presen­cia del Misterio de Dios en la vida y en el itinera­rio de las personas, encontramos la pregunta de si el quehacer de la educación es o no es ocasión de encuentro con Dios. Nos preguntamos si el modelo educativo es o no es indiferente a la hora de la ma­nifestación de Dios.
Y finalmente, ante la evidencia de que la educación, se mire como se mire, es un quehacer compartido, plantean la gran cuestión de si un grupo de profe­sionales es una organización o una comunidad edu­cativa.” Pág. 101

“Por eso su escuela [tiempos del Fundador] ya no era el catecismo parroquial más algo de lectura sino otra cosa: la escuela popular moderna.
Pero hubo más: se constituyeron en red, diseñando una ‘asociación’ translocal con identidad propia y autonomía institucional. Se constituían en un ente al servicio de la sociedad naciente, pero a la vez autónomos respecto de su administración. Entendían que su servicio requería la au­tonomía de su asociación de comunidades educativas.
Con el paso de los siglos este doble movimiento secularizador —respecto de la Iglesia y del Estado— sería su mejor servicio a la nueva sociedad.” Pág. 129

“En aquella armonía [tiempos de la Fundación] había algo que debemos recordar, por su proximidad a nuestros días. Es su vertiente interior, es­piritual. Era y es la condición para que todo funcione, ayer y hoy. Todo dependía y depende de si el trabajo, además de ser satisfactorio personal e institucionalmente, hace posi­ble la fe o no.” Pág. 130

“Así se necesita caer en la cuenta de que un equipo de tra­bajo no es todavía una comunidad de maestros. Un equipo está marcado más por la organización de distintas espe­cialidades que por las necesidades de un tema común. A medida que esto último va contando más, hablamos de co­munidad. ‘Tema común’ se refiere a la programación esco­lar, desde luego, pero además al sentido de la escuela.” Pág. 142

“A partir de lo visto en los últimos decenios de la historia lasaliana, nos podemos atrever a señalar que la perviven­cia del proyecto depende de la constitución de comunida­des sobre proyectos realmente estructurales o interdisci­plinares o contextuales. Tal vez, incluso, la experiencia lo está mostrando ya en los intentos de renovación habidos en los últimos 80 años. Cuando desaparece la innovación, lo que ha fallado no es la visión de la renovación de los pro­gramas, sino el equipo, la comunidad docente.” Pág. 142

“También… en estos tiempos nuevos, la clave de la armonía está en el interior, en la espiritualidad. Todo el discurso anterior, tanto en esta Segunda parte como en la anterior, ha debido mostrarlo: solo en la vocación compar­tida por un grupo puede hablarse de comunidad educati­va y por lo tanto solo entonces estamos hoy ante una es­cuela. No queremos decir ‘ante una escuela cristiana hoy’, no. Queremos decir lo que decimos: solo hay escuela si hay comunidad. Importa mucho más su constitución que su color ideológico.” Pág. 143

“Si todo es por pertenecer, es decir, por sus relaciones, na­die puede ser miembro de una organización educativa si no vive ese mismo espíritu. Es decir, educa quien se sien­te parte, quien comulga con su grupo de trabajo y con los saberes que comparte, quien se siente pertenecer a la historia de un lugar concreto y al camino del mundo o de la naturaleza. Se podría decir: quien se hace uno con el alma de lo que enseña. En caso contrario, solo instruye: pronto le sustituirá una máquina.” Pág. 144

“El agotamiento de la Modernidad nos lleva a buscar un Dios más allá de Dios, una Iglesia más allá de la Iglesia, una religión más allá de la religión. Y, por el mismo razonamiento, una escuela más allá de la escuela. Podríamos decir que necesitamos dar con algo que no esté contaminado por nuestra deformación lógica o crítica.
Ne­cesitamos algo donde se subraye la comunidad y el encuen­tro con Dios, tenga ese encuentro el nombre que tenga. Un lugar donde se celebre juntos la necesidad de vivir el miste­rio, donde se pase de la depuración crítica de todas las pa­labras a la identificación con una experiencia compartida.” Pág. 144-145

“Es un encadenado de fuen­tes o un círculo virtuoso: la escuela se vive como Comuni­dad; la Comunidad, como Signo; el Signo, desde la relación personal y compartida con Dios; y esa relación, a partir de la llamada de los pobres en la escuela.” Pág. 147

“Se nos ha hecho evidente que ahora ‘educación’ no coincide con institución educativa convencional. Paralela­mente esto supone un nuevo modelo de educador.
Su novedad debe estar desde luego en su conocimiento de su especialidad. Además, estará en su inclusión en contex­tos sociales complejos y en su capacidad para participar en equipos. Y, definitivamente, en su vida interior. Este punto debe subrayarse, precisamente por la misma lógi­ca que nos lleva desde la Modernidad a lo que llamamos Postmodernidad.
En efecto. La garantía de calidad en el ministerio de la es­cuela y de la escuela cristiana ha de estar no solo en la vastedad de conocimientos de cada uno de los implicados en ella, sino en su capacidad contemplativa, es decir, en lo que podríamos llamar su trato habitual con la unidad de todos los saberes. Se diría que la vida y los saberes se dominan desde su interior y no desde su exterior.” Pág. 150

“Se tratará pues de vivir una espiritualidad más marcada por la con­templación que por el esfuerzo y más por la pertenencia que por la distancia.” Pág. 151

“…la fide­lidad y el futuro de las instituciones de la escuela cristiana necesitan que se viva conscientemente la relación entre Comunidad educativa y evangelización.” Pág. 154

“Esta Institución sabe que en el camino de la educación en el último medio siglo todavía ha contado más el desarro­llo y la especialización que la pertenencia o la comunidad. También, que la abundancia de éxitos en la inserción la­boral en la sociedad ha sido más importante que la visibi­lidad del modelo comunitario.” Pág. 155

“…comprendemos que el ministerio o el quehacer de la Comunidad Lasaliana consiste en vivir la educación de los pobres de tal modo que su pueblo vea en su escuela no sólo un anticipo del Reino de Dios sino su misma realización, dentro de los límites que tiene nuestro vivir el Evangelio en el espacio y el tiempo. Un Signo de algo que en sí mismo no se ve.
¿Se puede ser hoy algo así?” Pág. 171

Asociación, ayer y hoy
Con este título se puede expresar el mensaje profundo de las crónicas locales que se han tenido en cuenta en este es­tudio: sus protagonistas están hablando de la emergencia de un laicado lasaliano nuevo, no previsto. Más: lo consi­deran no como un accidente o un relevo, sino como una oportunidad. La oportunidad.” Pág. 177

“En efecto, si consideramos que la emergencia de la nueva Comunidad significa el fin de la anterior, solo nos queda esperar su definitivo agotamiento y a la vez el progresivo afianzamiento de otras nuevas formas. Son desenlaces en los que no tiene sentido intervenir.
Pero si consideramos que la emergencia de las nuevas for­mas es la continuación por transformación de las anterio­res, entonces entenderemos las anteriores de otro modo. Entenderemos dónde ha estado su alma y la situaremos no en su aparato jurídico o contextual sino en la coheren­cia de su comunidad con su entorno y en la calidad de las relaciones educativas.” Pág. 181

“La nueva Comunidad lleva a sus antiguos miembros a comprenderse a sí mismos de un modo nuevo. Y esto es precisamente lo que les permite constituir la nueva.
Ahí están la novedad y la gracia del Espíritu: en llevar a esta Institución no a olvidarse de lo que ha sido y cómo ha sido, sino a pensarse en función de la nueva constitución de su Comunidad, hija de los nuevos tiempos y de la nue­va evangelización.” Pág. 184

Imagen destacada de la entrada: Detalle de la portada del libro.