Autor: Gil, Pedro María, FSC
Título completo: De una comunidad a otra. 1. Un siglo de señales.

Hermanos de las Escuelas Cristianas,
Estudios Lasalianos nº 19/I
Roma, noviembre 2025, 212 páginas.
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ISBN: 978-88-99383-38-1

En la web del Instituto también se puede encontrar traducido al inglés.

Breve comentario:

El Hno. pedro Gil es un gran conocedor de la historia de nuestra Institución; no sólo ha publicado diversos libros sobre nuestra evolución sino que siempre nos da claves para interpretar la historia, para descubrir cómo necesitamos contemplar los cambios a la luz de los cambios culturales, filosóficos y religiosos. Éste es el primero de dos tomos donde nos explica la transformación de lo que entendemos como comunidad se ha ido dando en el último siglo. Vas a encontrar un repaso de nuestra historia, de los textos que nos han ido definiendo, de los conceptos que han ayudado a construir nuestra identidad: vida religiosa, consagración, misión compartida, comunidad, asociación, signo de fraternidad, trascendencia… En este proceso nos explica el autor hemos pasado del modo restaurar, al modo renovar, y de ahí al modo refundar. Su lectura nos guía para descubrir las señales de los signos de los tiempos que necesitamos descifrar para seguir respondiendo a nuestra vocación. Creo que el autor tiene la valentía de poner palabras y sentido a este cambio tan drástico que nuestra Institución y otras Congregaciones religiosas estamos viviendo.
Próximamente publicaremos otra entrada con el comentario y las citas que destaco del segundo tomo que se titula «De una comunidad a otra. II La arquitectura interior».
Aquí debajo tienes una imagen que acompaña el libro para captar una primera síntesis del contenido del mismo, si clicas sobre ella se ampliará a tu pantalla.
Más abajo podrás encontrar el índice y una serie de citas que destaco como aperitivo para animar a su lectura.


Si quieres saltar el índice e ir directamente a las citas, clica aquí.

Índice:

Presentación

Primera parte: un siglo de señales

Tres etapas en la emergencia de un modelo nuevo

Percibir los ‘signos de los tiempos’
Tres actitudes, tres momentos
Y un aviso: el lenguaje, que puede ser una trampa

Primer tiempo: restaurar

1. Dos Circulares y un Prólogo

2. En los acontecimientos de 1904

Una consulta a Roma y la respuesta del Papa
La Constitución Conditae a Christo
De los tres Capítulos Generales

3. Medio siglo después, otra vez las Reglas

1946: recomenzar
1956: suficiencias e insuficiencias de la restauración
Un Anexo
Los orígenes y la identidad lasaliana

Segundo tiempo: renovar

1. Una Declaración

Renovar la conciencia, renovar las definiciones
Comunidad y comunidad educativa

2. La Fraternidad Signum Fidei

La Comisión Internacional de los Votos y la Fraternidad Signum Fidei
‘El desafío del Fundador’
Un déficit poco visible

3. 1986: compartir la Misión (1)

La Misión Compartida
La novedad del esquema
Misión y Comunidad
Precisar los términos

Tercer Tiempo: refundar

1. 1993: compartir la Misión (2)

Dos textos para interpretar el Proyecto Lasaliano
Desafíos técnicos y desafíos de adaptación

2. La Asociación y la educación de los pobres

Identidad y Asociación
El Signo de la Fraternidad

3. 2015: una revisión obligada

Comprender la Comunidad
Y codificar la comprensión
Entonces ¿necesitamos ‘nuevos y grandes documentos’, o no

Panorámica

Un lenguaje común y nuevo
El nuevo lenguaje y la nueva Comunidad
Definir desde un sistema de tres

Citas que destaco:
En las citas he añadido algunas imágenes que pueden inspirar al lector y ayudar a conectar con las citas.
Cuando aparece un texto con estas comillas, por ejemplo «Dios es la atención sin distracción» Byung-Chul Han está citando a Simone Weil.

Citas que destaco

“En los días de la Revolución [francesa] los votos eran el obstáculo, por incompatibles con el lema revolucionario de la liber­tad y los derechos del ciudadano. En 1904 volvía el tema, pero de manera tal vez más integral: si una institución hace profesión de renuncia a este mundo (los votos), no puede ser reconocida como válida para educar a los hijos de este mundo.” Pág. 40

“[A principios de 1905] En menos de un año habían cerrado, o estaban a punto de cerrar, 800 escuelas. Esto debía afectar a 3.000 o 4.000 Hermanos, muchos de los cuales se debatían entre las alternativas de marchar al ex­tranjero, dejar el Instituto o secularizarse en apariencia. Días terribles.” Pág. 42

“…durante el s. XIX desde el punto de vista de su canonicidad, aquello era un caos… A lo largo de aquel siglo y en el arranque del nuevo, si un grupo de cristianos quería comprometerse con la educación de las clases populares, y de una manera asociada, comunitaria, no tenía otro camino que consti­tuirse en comunidad religiosa o consagrada” Pág. 50

[El compromiso de jóvenes creyentes con el Evangelio] «Era el futuro y lo trataban como el pasado. Por eso debían organizar un discurso legitimador claramente ideológico a partir del vocabulario medieval: el distingo entre preceptos y consejos, los dos fines de la vida religiosa, el menospre­cio del mundo, la equivalencia entre sacrificio y mérito, etc. Este es el trasfondo de la carta del Papa: un discurso ideoló­gico en lugar de la encarnación del carisma en la historia.” Pág. 52

“En los Hermanos —y en todas las Congregaciones semejan­tes— hay en ese momento un déficit que puede llevarlos a todos a la ruina: para ellos la consagración consiste ante todo y tal vez únicamente en la renuncia a determinadas áreas de la vida, de modo que todo se reduce a estar más disponibles para el quehacer educativo. Es lo que les dice la doctrina habitual, heredada de los tiempos anteriores a Trento. Hay que mantener por tanto una vida de tal ma­nera ordenada y distante que garantice la continuidad del orden heredado.” Pág. 58

“La clave está en el concepto de consagración. Si por consa­gración entendemos sobre todo la renuncia, la austeridad, el alejamiento de cuanto pueda distraer, tendremos un modelo de vida consagrada. Ahora bien, la consagración es mucho más que utilidad: consiste en vivir en este mundo como referencia viva a su trascendencia.
Se trata de otro modelo. En él encontraremos que la inclu­sión de los votos —la consagración— en la vida apostólica supone mucho más que una nueva disponibilidad para el compromiso. Con él encontramos una modificación sus­tancial de la misión: ya no consiste solamente en lo que se hace, sino en el Signo del más allá que aparece en lo que se hace.
Por eso la Comunidad ya no es un grupo de trabajo, sino el lugar del Signo, de la Misión. Es el lugar donde confluyen y nacen las otras dos dimensiones, consagración y misión.” Pág. 59

[Citando la Declaración del Hermano en el mundo actual de 1967]. “La comunidad escolar sólo se formará si viene suscitada por una comunidad educadora cuya riqueza esté hecha con la diversidad y la unidad de sus miembros. Por eso los hermanos se sienten felices de colaborar con laicos que proporcionan a la comunidad educadora la aportación irreemplazable de su conocimiento del mundo, de su ex­periencia familiar, cívica, sindical. Los Hermanos se cui­dan de que los seglares tengan su lugar en toda la vida de la escuela: en la catequesis, en los movimientos apostóli­cos, las actividades peri escolares, e incluso en las respon­sabilidades de administración y dirección (46.3)

“…al no desarrollar el discurso hacia el ámbito de la relación entre Hermanos y seglares, la recién denomi­nada ‘comunidad educativa’ fue insensiblemente derivan­do hacia ‘organización educativa’. Y en ese deslizamien­to, agudizado por la pérdida importante de Hermanos, le acompañó una desigual pero indiscutible desaparición de las mismas comunidades de los Hermanos, convertidas en algo más próximo a grupos de trabajo educador que a comunidades significativas.” Pág. 98

“…el cometido de esa posible comunidad nueva no consistirá en hacer nada, sino en re­cordar la proximidad del Señor.” Pág. 102

“De haber contado con otra serenidad, esta orientación ha­bría dado a tantas comunidades de vida consagrada otra visión de su presente y su futuro. Desde luego, no signifi­caba la desaparición del carácter consagrado en la comu­nidad de los Hermanos. Significaba la vía para establecer otro modelo de comunidad, en el que todos encontraran un modo de vivir complementario de los demás.” Pàg. 103

[Hablando de los Signum Fidei en su historia] “La entrañable contradicción está en haber asumido que al­guien puede aproximarse a la vida de una comunidad, aun­que sin acercarse demasiado, y a la vez negar la posibilidad de que la comunidad de los Hermanos asuma a estas perso­nas asociándose con ellas o asociándose todos juntos en el mismo proyecto lasaliano.” Pág. 115

“En 1976 Signum Fidei y los Hermanos son dos líneas para­lelas. En 2013, la Asociación y los Hermanos son dos líneas confluyentes. En el primer caso hay dos ‘comunidades’ que se distinguen; en el segundo hay personas que se apro­ximan a la comunidad de los Hermanos. En el primero se responde con una ‘comunidad’ nueva a una necesidad externa a la de los Hermanos. En el segundo la necesidad está en los dos polos….
Desde este punto de vista, se podría decir que en la institución de la primera Fraternidad Signum Fidei hay algo de reaccionario, no en su resultado, sino en la actitud con que los Hermanos la asumen. Es, tal vez, un gesto de autodefensa del Instituto de los Hermanos frente a las po­sibles modificaciones de su identidad heredada.” Pág. 116-117

“Nuestro tema es el proceso que lleva de un tipo de Comu­nidad a otro. Ahora bien: si el modelo de Comunidad ha de ser función no solo de la Misión (entendida como acción apostólica), sino también de la consagración, es claro que cultivar sólo uno de los dos o uno más que el otro lleva a cierto desequilibrio en el modelo mismo de comunidad…
La historia muestra que el polo consagración es el más frá­gil de los tres que diseñan esta identidad…
Esta es la paradoja. La de quien queriendo ir hacia adelan­te, no va más allá de sí, en lo personal o en lo comunitario, al no considerar suficientemente el polo Trascendencia, en lo que se hace y en lo que se es.” Pág 128

“…no se puede hablar de ‘Misión Compartida’ en el sentido de trabajo compartido: el trabajo no es la mi­sión. Lo cual, en nuestra reflexión, nos lleva a una cuestión trascendental: ¿se puede compartir la Misión del Herma­no sin compartir, por ejemplo, la Comunidad del Herma­no? Y ¿si se comparte el trabajo, se comparte la Misión?
O, lo que es mucho más grave: ¿puede un Hermano vivir su Misión al margen de su Consagración?; ¿necesita de la Comunidad para vivir su Misión?; ¿se puede vivir la Co­munidad sin vivir la Consagración?
Se entiende. La expresión ‘Misión Compartida’ parece una expresión feliz, de buenas a primeras: acerca, aproxima, elimina distancias; pero es de lo más desafortunada en cuanto se avanza por el camino al que invita: lleva a la fragmentación y a la separación.” Pág. 136-137

“No es lo mismo, por ejemplo, la ‘misión’ escolar vista desde un gru­po de maestros bien organizados, que desde una comuni­dad de maestros que se han ligado ante Dios con un voto de fidelidad mutua para toda su vida.” Pág. 138

“La identidad lasaliana se define desde la Comunidad, de modo que, si puede compartirse, ha de serlo desde la Co­munidad. Lo cual nos lleva a consideraciones que van más allá de los límites supuestos por el Código de Derecho Canó­nico de 1983. Estaremos ante un modo nuevo de concebir la misión que se comparte.” Pág. 138

“Todo cristiano, toda comunidad cristiana, tienen sentido si son para el mundo el rostro del Señor.” Pág. 173

“Ese es el tema: Signos de la Fraternidad posible ante el mundo que viene. Evidentemente, no solo en cuanto co­munidad cerrada o íntima de los Hermanos, sino en la me­diación de un proyecto educativo. Que traducido significa: hacer de la escuela un Signo de la comunidad posible ante la sociedad que viene.” Pág. 177

”Poco a poco, sin embargo, la novedad se hace más evidente y toda la institución cae en la cuenta de que sigue necesitándose una Comunidad para darle sentido al proyecto, pero que el diseño conocido de Comunidad no sirve para ese cometido hoy.” Pág. 188

“…¿podemos definir la consagración desde la co­munidad?; ¿podemos definir la consagración desde la constitución de una comunidad animada por la llamada de Dios y dedicada a servir a los hijos de los pobres en el ministerio de la escuela cristiana?; ¿podemos sostener que la consagración consiste en la vida de esa comunidad?
Viene después: si definimos la consagración desde la co­munidad, ¿podemos también definir la misión desde la comunidad así consagrada?; es decir, ¿podemos definir la misión como el testimonio de esa comunidad consagrada para ese quehacer, para el ministerio de la escuela cristia­na?
Finalmente: si todo se llega a entender desde la comunidad así consagrada para y desde la misión, ¿quién pertenece a ella?; ¿quién puede ser miembro de ese grupo humano?; ¿en virtud de qué? Pág. 189-190

“Falta fundamentar la relación entre comunidad y consa­gración religiosa: falta un discurso teológico sereno que considere los votos como expresión de la consagración y no como su causa, de modo que la consagración misma se entienda como la posesión de alguien por Dios, único con­sagrante. Falta enunciar los síntomas de esa posesión que consagra, es decir, otro sistema para expresarla que no sea necesariamente los votos, o al menos la tríada.” Pág. 197-198

“En su conjunto, el proceso parece llevar a un cambio de perspectiva en la definición de la identidad Lasaliana. Pa­rece proponer el paso de un acento a otro: de los votos a la Comunidad.” Pág. 202

“Si es cierto que el Señor de La Salle había fundado no escuelas cristianas sino comuni­dades para animar las escuelas cristianas, lo es también que desde los primeros decenios del siglo pasado ya no se sostiene la fórmula heredada para definir tal Comunidad.

Sin Comunidad, el proyecto de las Escuelas Cristianas no es viable. En términos periodísticos diríamos: la Bula ya no define. Por eso toda la historia de esta Institución a lo largo del siglo XX es la crónica de sus esfuerzos por dar con una fórmula nueva, fiel a los orígenes y al presente.” Pág. 207

“si se habla de compartir la Mi­sión, debe poderse hablar a la vez de compartir la Consa­gración o la Comunidad, lo cual está todavía lejos de verse tan claro.” Pág. 212

Imagen destacada de la entrada: Detalle de la portada del libro.