Este escrito ha sido publicado en la página web de la URC (Unió de Religiosos de Catalunya) Horeb 657.
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La próxima Semana Santa participaré en una Pascua Joven. Ya hace unos cuantos años que no iba, y ante esta perspectiva tengo, no sé por qué, una sensación positiva, esperanzada. Parece que por este motivo tuve un sueño que quiero compartir con vosotros:

“Un grupo de jóvenes y no tan jóvenes que estaba al cargo de la animación de la Pascua tenía una reunión. Mostraban preocupación por cómo llegar a los jóvenes y hacerles vivir el Evangelio. Ellos habían vivido muchas Pascuas y sabían muy bien qué funcionaba y qué no. Valoraban lo que normalmente se hacía dentro de las iglesias, pero la iconografía, disposición por bancos, espacio poco flexible… quizá fuera adecuada para las personas mayores pero muy limitadora para los jóvenes. Bien, celebraremos la Pascua en las masías del Molino, decidieron. No hay allí iglesia. Pero mirándolo bien tampoco es que Jesús fuera muy aficionado a templos y ofrendas.  

Es muy importante favorecer la participación, decían, las personas de hoy quieren expresarse, compartir lo que viven y sienten. La mayoría de los que vengan ya ha terminado sus estudios, tienen pensamiento propio, no podemos darles plegarias prefabricadas, ni catequesis de primera comunión, ni que sea el cura el único que tenga la palabra. Debemos favorecer los momentos de personalización, de lectura tranquila del Evangelio. Pondremos tiempos más bien largos de silencio y meditación, nada de prisas. Seguro que así el compartir será más rico, aunque esto alargará el tiempo de celebración, pero si la gente está conectada y los gestos de la liturgia los preparamos bien, valdrá la pena el tiempo invertido.

Jueves. Recordaremos y contemplaremos cómo Dios, en Jesús, se hace hermano de todos: de los pecadores, de la adúltera, de Zaqueo, de los leprosos, de todo necesitado… cómo acoge a las mujeres, se sienta en la mesa de los impuros, de los descartados… Jesús muestra un rostro de Dios padre y madre, fraterno como el buen samaritano, amoroso como el padre que acoge al hijo que vuelve… «Amad como yo os he amado». ¡Qué densidad en el momento de lavar los pies! ¡Qué síntesis de su vida el decir que hay que partirse como el pan y derramar la propia vida como se derrama el vino!

Recordaremos y viviremos que es el amor de Dios el que nos salva, no nuestro esfuerzo, ni el cumplir ninguna ley, ni el acumular méritos, ni la fidelidad litúrgica… el amor, sólo el amor.

Viernes. Hoy ya no son tiempos para el dolorismo del barroco. Tampoco son tiempos para una antropología humana negativa, donde todo gira en torno al pecado personal (como suelen acentuar los movimientos más conservadores). Nada de que Dios necesite el sufrimiento y la muerte de Jesús para perdonarnos, ninguna víctima para aplacar a Dios y conseguir nuestro rescate. Esta manera de tratar la pasión ya no funciona porque ya no es la imagen del Dios de Jesús. Claro que Dios nos rescata, pero no a base de necesitar la sangre de nadie. Jesús es coherente con su manera de amar, y ante la oposición y persecución, no huye, sigue amando. Su vida nos muestra cómo ser humanos, hermanos. Su ejemplo nos invita a acoger a todos los crucificados de hoy y a vivir las bienaventuranzas. Aquí, delante de la cruz, ofreceremos un abanico de situaciones de injusticia actuales, puesto que, ante los inocentes que sufren la guerra, no debemos callarnos. No adoraremos un trozo de madera, sino que pondremos junto a la cruz a los perseguidos por ser coherentes con el amor y el servicio a los demás.

Sábado. Silencio. Soledad. Tiempo de interiorización. Revisando la propia vida. ¿Acepto que no vivo acorde al estilo de Jesús? ¿Está pasando Dios por mi vida? ¿Qué tipo de espiritualidad alimenta mi fe?

Vigilia y domingo de Resurrección. Dios confirma la forma de amar de Jesús. El mal y la muerte no tienen la última palabra. Recordando las apariciones actualizamos que el Espíritu de Dios y de su hijo Jesús siguen actuando dentro de quien confiesa esta manera de amar. ¡Cómo se transformaría así nuestra sociedad, nuestro mundo!

Los animadores están muy emocionados con todo lo que quieren transmitir a los jóvenes en la Pascua. Pero muestran preocupación a la hora de encontrar algún sacerdote que esté dispuesto a salir del Templo, a ser flexible con la liturgia, a ceder la palabra y dar participación, a no venir con prisas para decir misa y salir volando…  Y la emoción del momento se disuelve ante la dificultad de encontrar curas: ¿Poca disponibilidad? ¿Envejecidos? ¿Con poca capacidad de adaptación? ¿Demasiados clericales?»

Es en medio de su desasosiego que me despierto…
Mientras me lavo la cara y me miro al espejo me sorprendo a mí mismo con estos pensamientos:

– Y si la Iglesia valorara una liturgia más creativa, cercana y participativa. ¿No sería una manera de ir al manantial en lugar de ofrecer agua estancada o con tuberías vacías?
– ¿Y si cambiáramos esta espiritualidad sacrificial por una espiritualidad más fraterna, más al estilo de Jesús?
– Y si hubiera comunidades cristianas más al estilo de las primeras comunidades cristianas, donde fuera realmente posible compartir vida y espiritualidad. ¿No sería una manera de refundar las parroquias y caminar más en sintonía con la eclesiología del Vaticano II?
– Y si la Iglesia preparara laicos y laicas para poder animar y celebrar en estas comunidades. ¿No sería una manera de superar el clericalismo? Todavía hay sacerdotes y religiosos/as que podrían acompañar esta preparación.
– Y si las religiosas y religiosos tuviéramos una voz más profética dentro de la Iglesia, no sólo para animar Triduos sino para dar más espacio al Espíritu. ¿Es este un servicio que el pueblo de Dios espera de nosotros?

¡Uff! Esto es lo que tienen los sueños… que cuando se deshacen te dejan la mente y el corazón con muchas inquietudes.


(Versión original en catalán)


Foto destacada: Pascua Joven, Vigilia de Resurrección. Godelleta 2024