“Pedid hoy a Dios la GRACIA de VELAR de tal forma por los niños que os estén confiados y que toméis todas las precauciones posibles para preservarlos de CAÍDAS CONSIDERABLES; y de ser tan EXCELENTES GUÍAS suyos que, merced a las LUCES obtenidas por la ayuda de Dios y la FIDELIDAD en cumplir esmeradamente vuestro empleo, descubráis con tanta claridad cuanto pudiera ser impedimento para el bien de las almas, que apartéis del camino de su salvación cuanto fuera capaz de dañarlos” (MR 197.3).

Son palabras de La Salle y, en concreto, de una de sus meditaciones para el tiempo de retiro. Yo diría que son meditaciones para el cuidado o para dotar de sentido a lo que hacemos. Ojalá encuentres sentido en estas palabras.

1.- Tres fragmentos de diálogo recientes en los pasillos de la escuela:

A.- “¿Qué te pasa, Nai? Estuviste fuera del colegio unos meses”.
“Que la vida pudo conmigo, Goiko, y tuve que parar. Estuve en un proceso de depresión”.
¿Ha sido la escuela capaz de ayudarle a suavizar esta caída y hacerle la vuelta más fácil?

B.- “¿Qué te está pasando, Yuli? Llevas tiempo apagada. Últimamente me cuesta ver tu sonrisa desplegada”.
“Es que los problemas de fuera y de dentro me están consumiendo”- me responde.
Ella está cada vez más delgada. No sé por qué, pero lo intuyo. ¿Puede una pregunta, una sonrisa, una palabra de aliento ayudarle a seguir atada a la vida?

C.- Fia acaba de llegar del lejano Paraguay y Matilda de la colombiana Medellín, ciudad de la eterna primavera. Ambas llevan un tiempo sin estar escolarizadas. El otro día me sentaba en el suelo con ellas y me contaban algo de sus vidas, de cómo se sentían ahora. Son mayores (15 años) y han vivido mucho. Les transmitía que estar en La Salle, en la escuela, podía ser una oportunidad para empezar de nuevo.
¿Será la escuela lasaliana una buena noticia para ellas y un ámbito en el que ayudemos a apartar de su camino aquello que les impide avanzar?

La lista sería larga… niños y jóvenes de alguna manera “abandonados” en medio de la vida. ¿Qué aportan las obras La Salle a estos niños y jóvenes?

2.- Tres previos o ideas-fuerza que La Salle deja caer “inocentemente”:

    1. “Velar (=estar atentos) por los niños que os estén confiados”. Esa es la misión de la comunidad en la escuela. Lo podemos hacer entre todos los que nos sentimos educadores lasalianos, tanto desde el ámbito formal, como no formal.
    2. “Pedid a Dios” y más adelante “por la ayuda de Dios”. No todo está en nuestras manos. Y es bueno vivirlo desde esa confianza de que Alguien nos sostiene y, como dice La Salle, nos da el regalo de saber velar y cuidar. Y, además, y no es incompatible, formamos red con otros compañeros lasalianos y con otros agentes sociales.
    3. Hemos recibido la llamada y el regalo de ser “excelentes guías”. Es algo que se nos ofrece gratis como potencialidad, pero que también lo vamos descubriendo y aprendiendo cada día. Son esas “luces obtenidas” de las que habla el texto. Desde nuestra historia y manera de ser ponemos en juego aquellas aptitudes, valores y talentos recibidos y cultivados.

3.- Y para terminar, tres ideas finales:

    1. Nuestra misión principal como lasalianos, como escuela y como comunidad La Salle es “velar” para “preservarlos de caídas considerables”. Y él pensaba en niños y jóvenes con situaciones concretas (Nai, Yuli, Fia y Matilda). Es bonito constatar que, ya en aquel tiempo, La Salle pone por delante la necesidad de una atención plena (“velar”) sobre la realidad personal, familiar y social de los niños y jóvenes y su cuidado. Y además debe ser algo realizado con gran pasión (espíritu de celo). Y es, sin duda, hoy más que nunca, una tarea que no hacemos solos. Es una tarea compartida. La convicción de que si actuamos JUNTOS es MEJOR.
    2. La tensión dialéctica aparente entre la “ayuda de Dios” (¿fe?) y la importancia de desempeñar nuestra labor educativa con “esmero” y “fidelidad” (¿celo?) no es tal. Son dos caras de una misma moneda: nuestro espíritu, nuestra manera de ser y de estar con ellos, la fe y el servicio apasionado (celo). Dios nos regala los talentos (recursos personales y comunitarios) y nosotros los ponemos en juego con creatividad, responsabilidad y fidelidad.
    3. El objetivo de la escuela lasaliana parece nítido: “que descubráis con toda claridad cuanto pueda ser impedimento” y “apartéis (…) cuanto fuera capaz de dañarlos”. Escuela preventiva y centrada en la persona de los niños y jóvenes, en su felicidad entendida como construcción de su persona y la búsqueda de su lugar en el mundo (vocación). Escuela facilitadora y con una mirada atenta para ayudar a los niños a superar los obstáculos que les alejan de ello (“su salvación”). Una escuela que es caldo de cultivo para crecer (cultura vocacional) y ámbito seguro para convivir.

Nota: mientras estaba redactando estas líneas, que surgían a borbotones, estaba tomando un café, con música de fondo, en un bar llamado “Izarra berria”, que significa “estrella nueva” en euskara, la lengua de los vascos. ¿Casualidad o Providencia eso de la estrella? Y pensaba también en esas estrellas que serán Nai, Yuli, Fia y Matilda, entre otras. Y en la estrella que a nosotros, lasalianos y lasalianas, nos alumbra.

IÑAKI GOIKOETXEA, lasaliano en Bilbao

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