Bañarse en realidad… conquistando derechos

Torres, P. Decir haciendo, San Pablo, Madrid, 2017, 311 pp.

Pepa Torres, apostólica del Corazón de Jesús, no se anda con rodeos a la hora de invitarnos a leer este libro. Y lo hace convencida de que su propia vida, al contacto con mucha gente variada, llena de vitalidad, diferente a lo “habitual” con las que cada mañana se encuentra en su barrio de Lavapiés de Madrid, le hacen todos lo días convertir en guiño saludable lo que puede ser un problema de las gentes que habitan este lugar.

            Nos invita a leer, sin más pretensiones que acercarnos a la realidad, pero desde la hondura de lo que supone entrar en contacto con vidas rotas por la emigración, el desempleo, la falta de derechos o la incertidumbre de si un día les de vuelven a su país por no tener papeles. Y, desde ahí, las vidas de cada una de las personas van pasando en rápida película (son capítulos muy cortos, de apenas 4-5 páginas) situaciones que desgarran un poco el corazón del lector cuando se siente sensible a estas situaciones humanas.

            En torno a cuatro grandes capítulos que llevan por títulos: Lo personal es político (1); movimientos sociales y luchas migrantes (2); nos queremos vivas y felices (3) y espiritualidad y religiones (4), va desgranado las historias de las gentes con las que cada mañana se encuentra o se ha ido encontrando a lo largo de su vida, por vivir en ese barrio y pertenecer a diversos colectivos que luchan por la dignidad humana.

            Pepa no se anda por las ramas a la hora de iluminar con su acento cristiano (es teóloga) qué supone desde el Evangelio la lucha por los derechos humanos, la realidad de las mujeres tan denostada y tan vilipendiada y que, a la luz de Jesús, se recupera la dignidad y por la que hay que seguir luchando para recobrar un espacio robado.

            Junto a ello, el vivir en un lugar muy variopinto, por la diferencia de gentes y razas que han llegado a poblar el barrio, no puede obviar la situación de las religiones, a las que les da un papel primordial en el diálogo de encontrar cauces y y señales, no sólo de diálogo interreligioso, sino de búsqueda común del Dios que nos une en un proyecto de un mundo mejor, más humano y más fraterno.

            Desde ahí, brota la necesidad de no abandonar cierto espacio político común (de cristianos y no cristianos, de laicos y religiosos, de hombres de bien y de personas comprometidas) en lucha por lo derechos de todos, especialmente e aquellos cuyos derechos han asido conculcados por no tener papeles o porque la burocracia (o habría que decir la “burrocracia”) dé más importancia a lo legal que a las necesidades de las personas. ¿NO suena algo de esto a lo que Jesús ya denunciaba de lo del “sábado para el hombre o el hombre sufridor del sábado”?

            Hay una reivindicación grande, no podía se menos del papel de la mujer (le dedica el capítulo tercero, con ejemplos de gran hondura que afectan a a las mujeres y el trato que reciben o la falta de escrúpulos y cómo están llamadas a recuperar su especio no sólo en la Iglesia, sino en la familia, la sociedad o la cultura). De ahí las luchas en los diversos colectivos que la propia autora señala como participante activa en ellos.

            Creo que nos hace reflexionar sobre algo que, si no estamos atentos, se olvida y nos puede sonar muy lejano como es la situación de manteros, migrantes, mujeres, personas de otras creencias, etc. Desde aquí, la autora nos invita a meternos en sus vidas, contadas con un realismo grande por Pepa, pues los vive no como quien cuenta desde la barrera las cosas, sino como quien vive día a día estas situaciones.

            Desde el comienzo, nos introduce ya en cómo va a desarrollarse el libro. Dice: “De pequeña me enseñaron que gritar era de mala educación tuve que desaprenderlo muchos años después con las mujeres del barrio del Zaidín de Granada, cortando la carretera y reivindicando un centro de salud y la biblioteca publica…” (pág 13).

            Y termina con estas otras: “Este libro es un libro inacabado, porque en las periferias acontecen relatos de vida, esperanza, resiliencia, ternura, violencia, denuncia y solidaridad a cada rato, porque su corriente de vida sumergida revienta los adoquines y el asfalto… Porque están habitadas por el misterio de la encarnación de un Dios que, en Jesús, se hace periférico…” (pág. 307)

            El libro constituye una recopilación de artículos y post publicados en las revistas Alandar y en los blogs de Cristianisme i Justicia y entreParentesis.

Pepa Torres, apostólica del Corazón de Jesús, no se anda con rodeos a la hora de invitarnos a leer este libro. Y lo hace convencida de que su propia vida, al contacto con mucha gente variada, llena de vitalidad, diferente a lo “habitual” con las que cada mañana se encuentra en su barrio de Lavapiés de Madrid, le hacen todos lo días convertir en guiño saludable lo que puede ser un problema de las gentes que habitan este lugar.

            Nos invita a leer, sin más pretensiones que acercarnos a la realidad, pero desde la hondura de lo que supone entrar en contacto con vidas rotas por la emigración, el desempleo, la falta de derechos o la incertidumbre de si un día les de vuelven a su país por no tener papeles. Y, desde ahí, las vidas de cada una de las personas van pasando en rápida película (son capítulos muy cortos, de apenas 4-5 páginas) situaciones que desgarran un poco el corazón del lector cuando se siente sensible a estas situaciones humanas.

            En torno a cuatro grandes capítulos que llevan por títulos: Lo personal es político (1); movimientos sociales y luchas migrantes (2); nos queremos vivas y felices (3) y espiritualidad y religiones (4), va desgranado las historias de las gentes con las que cada mañana se encuentra o se ha ido encontrando a lo largo de su vida, por vivir en ese barrio y pertenecer a diversos colectivos que luchan por la dignidad humana.

            Pepa no se anda por las ramas a la hora de iluminar con su acento cristiano (es teóloga) qué supone desde el Evangelio la lucha por los derechos humanos, la realidad de las mujeres tan denostada y tan vilipendiada y que, a la luz de Jesús, se recupera la dignidad y por la que hay que seguir luchando para recobrar un espacio robado.

            Junto a ello, el vivir en un lugar muy variopinto, por la diferencia de gentes y razas que han llegado a poblar el barrio, no puede obviar la situación de las religiones, a las que les da un papel primordial en el diálogo de encontrar cauces y y señales, no sólo de diálogo interreligioso, sino de búsqueda común del Dios que nos une en un proyecto de un mundo mejor, más humano y más fraterno.

            Desde ahí, brota la necesidad de no abandonar cierto espacio político común (de cristianos y no cristianos, de laicos y religiosos, de hombres de bien y de personas comprometidas) en lucha por lo derechos de todos, especialmente e aquellos cuyos derechos han asido conculcados por no tener papeles o porque la burocracia (o habría que decir la “burrocracia”) dé más importancia a lo legal que a las necesidades de las personas. ¿NO suena algo de esto a lo que Jesús ya denunciaba de lo del “sábado para el hombre o el hombre sufridor del sábado”?

            Hay una reivindicación grande, no podía se menos del papel de la mujer (le dedica el capítulo tercero, con ejemplos de gran hondura que afectan a a las mujeres y el trato que reciben o la falta de escrúpulos y cómo están llamadas a recuperar su especio no sólo en la Iglesia, sino en la familia, la sociedad o la cultura). De ahí las luchas en los diversos colectivos que la propia autora señala como participante activa en ellos.

            Creo que nos hace reflexionar sobre algo que, si no estamos atentos, se olvida y nos puede sonar muy lejano como es la situación de manteros, migrantes, mujeres, personas de otras creencias, etc. Desde aquí, la autora nos invita a meternos en sus vidas, contadas con un realismo grande por Pepa, pues los vive no como quien cuenta desde la barrera las cosas, sino como quien vive día a día estas situaciones.

            Desde el comienzo, nos introduce ya en cómo va a desarrollarse el libro. Dice: “De pequeña me enseñaron que gritar era de mala educación tuve que desaprenderlo muchos años después con las mujeres del barrio del Zaidín de Granada, cortando la carretera y reivindicando un centro de salud y la biblioteca publica…” (pág 13).

            Y termina con estas otras: “Este libro es un libro inacabado, porque en las periferias acontecen relatos de vida, esperanza, resiliencia, ternura, violencia, denuncia y solidaridad a cada rato, porque su corriente de vida sumergida revienta los adoquines y el asfalto… Porque están habitadas por el misterio de la encarnación de un Dios que, en Jesús, se hace periférico…” (pág. 307)

            El libro constituye una recopilación de artículos y post publicados en las revistas Alandar y en los blogs de Cristianisme i Justicia y entreParentesis.

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