Mi experiencia vocacional. (Rosario Castellanos)

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Mi experiencia vocacional

Es difícil recordar dónde empezó mi vocación. La docencia y la fe siempre han  ido unidas en mi vida.

Nací sin esperarme nadie en el seno de una familia muy humilde. Lo que para mi madre pudo ser al principio una desgracia, se convirtió con el tiempo en el milagro más grande del mundo: mi nacimiento. Ser madre soltera en la década de los 70 no fue nada fácil para ella ni para mis abuelos. Pero me llenaron de amor, me dieron su corazón y la vida cambió para todos. Es el momento de honrar a mi madre, una mujer valiente, trabajadora, humilde y volcada en los demás. Una mujer luchadora, un modelo a seguir, siempre, siempre….

Empecé mi educación en las Esclavas del Sagrado Corazón. La hermana Carmen fue mi primer contacto con la escuela. Aprendí a leer muy pronto y disfrutaba mucho en el cole. Las Esclavas en 1976 estaban muy cerquita de mi casa pero antes de empezar EGB, se trasladaron a la zona norte de la ciudad. Con 5 añitos empecé a utilizar el autobús pues yo encontré algo en ese colegio que no quería dejar… Llegó la adolescencia y los grupos juveniles, las hermanas que marcan el inicio de tu juventud: Amparo Hurtado, fue una la hermana que más huella dejó.  Sta. Rafaela, fundadora de las Esclavas, dejó una huella imborrable en mí. Una de sus premisas sigue conmigo hoy: “Sé feliz haciendo felices a los demás”. Consciente o inconsciente mente ha sido un lema que ha quedado grabado en mi corazón. Las Pascuas Juveniles, los grupos ACI, el grupo de profundización en la fe…. Todo llenaba mi alma.

En 1990, el año más difícil de mi vida, (y he pasado otros malos, pero nunca como ése), murió mi abuela, mi madre se quedó sin trabajo, nuestra casa se derrumbaba, y yo empezaba la universidad. La Hna. Amparo me dijo algo que me costó entender y no lo hice hasta después de muchos años: el Señor nos da aquello que podemos soportar. Me rebelé, me enfadé…. Pero con el tiempo lo entendí. Al cumplir 18 años, la Hna. Amparo me regaló un libro que significa mucho para mí: “El milagro más grande del mundo” De Og Mandino. Lo leí de tirón esa misma noche y entendí que sí, que yo era el milagro más grande del mundo y que no podía quedarme en el suelo, quejándome sino que tenía que aprovechar todo lo que se me había regalado.

En el tiempo de la universidad, empecé a sentir inquietud por la vocación religiosa. Conocí Emaus (lugar del postulantado de las Esclavas), acompañé en sus votos a algunas amigas y mi fe se fortalecía y mi vocación docente también. Pero acabando la carrera conocí al que hoy es mi marido. Una crisis de fe propia me llevó a plantearme qué quería Dios de mí.  Y llegó la palabra de Dios: Corintios 13.  El amor es paciente, es humilde, no lleva cuentas del mal,….. el amor no falla nunca. Y me sentí de nuevo en los brazos del Señor. El año que me casé fui a Taizé  y  también  hice un tramo del Camino de Santiago…y  ambas fueron experiencias  únicas e inolvidables en mi crecimiento espiritual.

Y llegó el tiempo de La Salle. Todo empezó gracias a mi compañera y amiga, Mónica Nadal. Ella me sugirió que probara en el cole pues había una baja de maternidad. Me enamoré de La Salle en el momento en el que entré. Viví, más fuera que dentro, el espíritu de sacrificio de esas mujeres que trabajaban en infantil. Su dolor, su ilusión, su esfuerzo quedó recompensado cuando reformaron toda la zona y empezaron las dos líneas. Pero no fue un camino de rosas tampoco para mí. Cuatro intentos, algunos llantos y mucha esperanza fue lo que me mantuvo insistiendo para ser parte de la familia lasaliana.

Y se cumplió el sueño de mi vida. Después de estar 8 años de aquí para allá, pero siempre aprendiendo mucho y llevándome lo mejor de cada sitio, La Salle me abrió sus puertas. Y me sentí como en casa y sabía que había encontrado mi sitio. Soy la mujer más afortunada del mundo y me siento muy lasaliana. He descubierto a un San Juan Bautista de La Salle, desconocido para mí. Admiro al pedagogo, al cristiano, al maestro de maestros, al luchador….

En la Salle he mejorado como persona, como cristiana. He crecido mucho por dentro (y también por fuera, los años no pasan en balde jejeje). La formación es muy muy importante: profesores nuevos, directivos, celas regional, pastoral, el curso de cristiandad, la Buena Noticia!!! Con en el H. Gildo; calidad, más toda la formación específica. No podemos dejar de aprender nunca.  Y en La Salle se aprende cada día. Aprendo de mis alumnos, sobre todo de ellos. De mis compañeros, los que ya no están en el cole y siguen muy presentes en mi vida: Marta, Tina; de los que están y aprendo todos los días: mis compañeras de infantil, mi director, Luis; de mis maravillosas compañeras del comedor y de  todos los demás; de los hermanos: y no puedo dejar de nombrar los que han dejado una gran huella en mí: H. José María Valero, el H. José Luis Gómez, el H. José Luis Miró; el H. Javier López; de las familias, de los grupos de oración, del gran grupo de Pastoral, de mi experiencia en el maravilloso grupo de personas de Hara, del grupo de “dos lunes al mes”……

rosario01Me siento tan afortunada y tan agradecida que se me acaban las palabras. Qué difícil está siendo este ejercicio de síntesis. Si miro con distancia mi vida veo a una mujer muy afortunada. Una mujer vocacionada en el servicio a los demás, a su familia, a sus alumnos (si algo soy con orgullo es Maestra de Infantil); a su comunidad. Una mujer realizada que disfruta de su trabajo con vocación e ilusión que intenta seguir los pasos de Jesús. Un camino difícil, pero hermoso. Un camino exigente y lleno de retos. Un camino de ilusión, esperanza, confianza en la voluntad de Dios.

Siempre me admira ver cómo el Señor marca nuestro camino y ves cómo las cosas ocurren de una manera determinada. No había tenido un momento todavía para preparar con tranquilidad y paz este testimonio vocacional y aquí estoy hoy con nuevos retos en mi vida: el cole me pide un nuevo servicio: llevar la dirección técnica de primaria. Empieza un nuevo curso, empiezan las dudas, el miedo a lo desconocido, a estar a la altura de mis compañeros, a la altura de las expectativas,… cumplir con todas las responsabilidades contraídas…. Pero también empieza la ilusión, la esperanza, las ganas de trabajar por y para la Misión. Sé que con ayuda de Dios todo es posible.

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